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domingo, 19 de enero de 2020

8. Y CASANDRA SE ENFRENTÓ A SU TORTURADOR.





Casandra advirtió que la confianza del Innombrable menguaba porque había descubierto que en ella moraban muchas almas, algunas pacíficas y otras violentas,  dispuestas aflorar cuando fuese la ocasión, y precisamente esta lo era pues su vida estaba en peligro de ser extinguida por los dientes de aquella espada sierra  blandida por el Caballero de la Mirada Sangrienta, la cual rugía a más no poder en el habitáculo de la pintora , con la intención de inspirar terror a su presunta víctima.


Sin embargo, Mirada Sangrienta todavía no hacía nada contra ella, pues carecía de voluntad propia, y  era la marioneta del Innombrable, la cruel entidad alienígena que coleccionaba el alma de los locos para hacerse más fuerte con aquellas visiones distorsionadas del mundo instaladas en su mente y en su corazón. 


Unas visiones que habían asumido la forma de miedos terribles a una posible mutilación física que podría sumirla en una condición de mayor inferioridad respecto a las demás personas que moraban en el sanatorio selenita del doctor Syford, y a los ciudadanos del Planeta Azul, de donde eran oriundos todos aquellos locos.


Pero Casandra era plenamente consciente de aquella amenaza contra su vida, y sabía que era pertinente convocar a ese guardián que había cortado en pedazos muy menudos al padre que la ultrajó cuando era más joven, y ante la inacción de Mirada Sangrienta, su cabeza se puso en marcha y la figura de su ninja protector se materializó justo a su lado  como correspondía a un ser de su rango.


La faz del Innombrable pareció volver a la vida con la súbita aparición del ninja, después de todo aquel guerrero no le era desconocido y sabía de su hazaña porque había husmeado en la mente de Casandra hacía poco; ahora se alegraba de poder enfrentar a Mirada Sangrienta con aquel sujeto de rostro velado, y mirada rasgada que blandía una simple espada de samurai como único instrumento ofensivo.


Al Innombrable no le cabía duda de que su campeón era muy superior a ese individuo emanado de la mente de una pintora loca, y que no le costaría mucho trabajo hacerlo picadillo. Después de eso, su asesino daría cuenta de Casandra y de todos los locos asilados en el sanatorio del doctor Syford, pero todo eso continuaría siendo un sueño, sino abría la boca para proferir las palabras indicadas para convertir a Mirada Sangrienta en una máquina asesina.


Y el Innombrable las pronunció, y aunque esas palabras le sonaron a Casandra a pura jerigonza, tuvieron el mágico efecto de poner en acción a su ominoso esbirro. en marcha contra su objetivo inmediato, quien se encontraba sentado con las piernas cruzadas, y la katana enhiesta sostenida por su mano.


De ese modo Mirada Sangrienta corrió raudo hacia dónde el ninja se había hecho su aparición, con su poderosa espada sierra activa y con ganas de morder la carne de aquel incómodo guardián que protegía a la pintora loca, mientras vociferaba el brutal grito de guerra que era común a todos los de su especie.


El ninja permaneció impávido ante la acometida de su rival, es más pareció despreciar con su inmovilidad toda la parafernalia guerrera que estaba desplegando aquel guerrero totalmente blindado, y al parecer invulnerable a los mandobles de la katana que empuñaba en su mano  todavía quieta.


Mirada Sangrienta estaba furioso y desatado, y ansiaba descargar su espada contra aquella presa aparentemente fácil que esperaba ser sacrificada como una res en el matadero, pero para sorpresa del Innombrable y su esbirro un campo de fuerza, de aspecto esférico, pareció brotar del cuerpo del ninja sedente; de ese modo el guardián de Casandra permaneció incólume ante el mandoble de su rival, y no recibió el menor daño de su atacante.


Más bien se quedó sorprendido de que esto ocurriese pues la verdad no se esperaba tanta resistencia de una víctima potencial, es más el Innombrable y su esbirro no estaban acostumbrados  a pasar esta clase de vicisitudes a la hora de colectar un alma. Mirada Sangrienta se había quedado inmóvil ante el ninja que aparecía enteramente rodeado por aquella infranqueable domo luminoso..


Y por vez primera, desde que tenía memoria, Mirada Sangrienta se sintió impotente y totalmente incapaz de obedecer la voluntad de su amo, aquel extraño vagabundo galáctico que odiaba usar un nombre y solía recorrer los manicomios del  Espacio Descubierto. Este maldito ninja, sin prosapia ni rango, se había atrevido a luchar contra él usando estrategia propias de las más remotas guerras galácticas.


Pero el Innombrable, más astuto que su secuaz se dio cuenta que el ninja no era más que una simple emanación mental de la pintora loca, y que si querían derrotar al espantajo simplemente tenían que cortarle la cabeza a la susodicha para destruir a esa malhadada ilusión que estaba frenando todo su propósito.


La orden mental del Innombrable reavivó el ánimo de Mirada Sangrienta, levantó la cara y vio a la pintora de largos cabellos y uniforme blanco con esos extraños ojos de color rubí  que le habían dado el nombre. Era una presencia real y orgánica que le había pasado inadvertida pues su atención se había concentrada en el ninja que había detenido su ataque con aquel inaudito campo de fuerza.


El contacto visual se había dado , y la imagen de Casandra resaltaba dentro de sus retinas como si alguien hubiera vertido una sustancia fosforescente sobre el cuerpo de la susodicha, era cuestión de correr hacia donde estaba  para someterla y cortarle la cabeza como era el deseo de su amo, y su propio impulso de matar propio de un veterano de las Guerras Cósmicas.


El frenesí bélico que había poseído a Mirada Sangrienta era tal que se olvidó por completo del ninja cubierto por el domo resplandeciente, sencillamente lo ignoró y cargó contra la pintora que ya había empezado a balancear los brazos como si estuviera haciendo alguna especie de conjuro que alteró la aparente solidez del campo de fuerza que cubría al ninja permitiendo el paso de dos objetos con aspecto de estrella pentagonal, los cuales impactaron con precisión los cristales rojos protegían los orificios que le permitían ver.


Mirada Sangrienta arrojó la espada a un lado, antes de caer  al suelo, herido y ciego, retorciéndose del gran dolor que afectaba su cuerpo, ahora inútil para la lucha, y también para el Innombrable, quien decidió huir del habitáculo de Casandra rumbo al Espacio Desconocido, sin concretar su cometido plenamente; dejándole a los esbirros de Syford la tarea de acabar con el sufrimiento del infeliz guerrero que bramaba de dolor ante la total indiferencia de la pintora que había causado su desgracia.



















viernes, 17 de enero de 2020

7.Y CASANDRA INVOCO A SU GUARDIAN


El Innombrable tuvo la impresión de que  estaba llegando el momento de rematar a su víctima para nutrirse con  la esencia de todos sus miedos, una vez que diera cuenta de Casandra seguiría con su periplo, y se dedicaría a destruir las mentes de los restantes pacientes del doctor Syford.

 Era tan simple segar la vida de Casandra, la había sometido a toda una gama de terrores virtuales para preparar aquel cuerpo para su ulterior sacrificio, bastaba con ordenarle al Guerrero de la Espada Sierra que asestara el golpe final con la tremolante espada que sostenían sus manos para finiquitar el sufrimiento de la pintora loca.
Pero el Innombrable quería prolongar el padecimiento de Casandra un poco más, la necesitaba viva para abordar la mente de su víctima por completo, no a través de las artimañas que le habían servido para sembrar la angustia y el caos   dentro de ella, sino de un modo distinto, precisaba una perspectiva más completa de aquella vida que estaba a punto de ultimar.
Casandra casi estaba en estado de shock ante la perspectiva de terminar sus días descuartizada de la manera más dolorosa y salvaje por aquella terrorífica espada cuyos dientes chirriaban espantosamente mientras circulaban de alrededor de la hoja una y otra vez, sin solución de continuidad; precisamente aquella condición la hacía que su mente fuese mucho más  permeable a toda clase de intrusiones.
El Innombrable estudió la faz estupefacta de Casandra , como buscando la mejor senda para acceder a su mente,  aprovechando el desconcierto de la fémina que  seguía contemplándolo como si fuese alguna especie de monstruo nacido al Otro Lado del universo.
Entonces la mente de Casandra se abrió como el botón de una flor para la inspección del Innombrable, e irrumpió a través de ella examinando sus recuerdos uno a uno con suma fruición, pues era consciente de que Casandra no estaba en condiciones de bloquear su intrusión de ninguna manera, y que debería dejarle hacer, de ese modo ambos recorrerían  la senda del recuerdo, juntos y en la misma dirección aunque para Casandra no fuera precisamente muy grato en compañía de una entidad invasiva.
Los recuerdos se arremolinaron  como una multitud apiñada en un espacio demasiado breve  en el cual el Innombrable pasaba revista, descartando los que le parecían triviales, intrascendentes, y solo recuperando los que despertaran inquietud en aquella mente cautiva.
Uno a uno los fue poniendo en fila, como si se dispusiera a editarlos para hacer un film con ellas, era arduo  organizar el caos pero podía hacerlo, pues el tiempo corría con lentitud para ambos, cual un breve efluvio de eternidad; pero el Innombrable tenía  paciencia, y sabía demostrarla.
Y ante el ojo del Innombrable apareció la imagen un hombre de edad en calzoncillos cargando a una fémina totalmente desnuda y mucho menor que él, la chica parecía inconsciente y era objeto de los besos que el viejo le prodigaba cada vez que se detenía, no tanto para recuperar fuerzas, sino para solazarse con la contemplación de aquel cuerpo dormido que pronto haría suyo sobre la cama que era su próximo destino.
El viejo estaba contento, y silbaba una canción de esas que estaban de moda en su juventud, mientras arrojaba el cuerpo inconsciente de Casandra encima de la cama, mientras le acomodaba las piernas de tal modo que le resultara sencillo iniciar el proceso de la penetración; hecho esto se despojó de la prenda que ocultaba su erección, y empezó a acercarse, mientras sus manos propinaban unas suaves bofetadas sobre el rostro de su hija, buscando reanimarla para que así pudiera sentir como  su miembro viril  ingresaba dentro de ella.
El truco dio resultado  y Casandra abrió los ojos viendo la cara de su padre sobre su propia faz. Era un rostro redondo, como la luna llena, casi calvo, y lleno de arrugas, cuyos diminutos ojos  contrastaban con las grandes orejas que le sobresalían de los costados de la cabeza, como podrían hacerlo los cuernos de la frente de un demonio.
 Entonces ella sintió todo el peso de aquel cuerpo  malformado y clamó como una posesa, mientras intentaba apartar de si esa mole de carne  anciana que le estaba viniendo encima, pero todo su esfuerzo resultó estéril.
Nadie podría oírla porque estaba a solas con un viejo pervertido y loco, que para más inri era su propio padre.
Y el viejo la acometió una y otra vez hasta correrse dentro de la mujer que lo tenía babeando de deseo desde el momento en que empezó a serlo.
Casandra se sintió sucia y llena de remordimientos, mientras su padre usaba su cuerpo para arribar al éxtasis, su mente se llenó de odio hacia el hombre que acababa de ultrajarla de ese modo, y deseó su muerte.
Una sustancia densa y oscura, parecida al humo empezó a arremolinarse detrás  del cuerpo del anciano que continuaba tendido sobre el cuerpo de su hija, entregado al apasionante quehacer de chuparle los pezones, mientras sus manos continuaban acariciándole el vientre y las caderas.
Poco a poco, el humo fue adoptando una forma claramente humanoide a los ojos de Casandra que era la única que podía verlo, el sexo de la criatura resultaba impreciso de determinar, pues se cubría el rostro con una cogulla que solo dejaba al descubierto los ojos. Detrás de su cabeza sobresalía el mango de una espada encajada en un carcaj, invisible para un espectador que estuviera de frente.
Al verlo, Casandra  sintió llegada la hora de la venganza, y le hizo una seña con la cabeza para que procediera a desenvainarla.
El ninja obedeció, y desnudó su arma con presteza;  el chirriante  sonido del metal captó la atención del padre de Casandra, y se dio la media vuelta para indagar qué estaba pasando a sus espaldas.
No pudo averiguar mucho, pues la espada del ninja lo tasajeo sin misericordia, antes de descuartizarlo, y dejarlo reducido a un torso ensangrentado, cuyos miembros yacían desperdigados alrededor del lecho donde Casandra contempló sin pestañear la obra homicida de su ninja protector.
En eso estaba, cuando su madre ingresó al cuarto, y la encontró inmersa en la tarea de apilar, uno encima de otro, las amputadas extremidades de su progenitor, para luego desordenarlas y volver a comenzar de nuevo, como si de un rompecabezas se tratase.
 Ante los ojos de su madre, o de cualquiera  que la hubiera visto ejecutando esta macabra tarea Casandra habría sido calificada como “loca”, por esa razón estaba donde estaba, ocupando aquella estancia en el sanatorio selenita del doctor Syford.
 El Innombrable absorbió el recuerdo, y comprendió, de inmediato, que Casandra escondía una naturaleza dual y peligrosa que podía comprometer  el triunfo que estaba a punto de lograr.


Bristol en la Batalla de Chulmleigh.

    1-Anhelo de muerte.   George Rogers quería matar soldados ingleses.   Era un deseo primitivo y bestial, era como si hubiera nacido odi...