Casandra advirtió que la confianza del Innombrable menguaba porque había descubierto que en ella moraban muchas almas, algunas pacíficas y otras violentas, dispuestas aflorar cuando fuese la ocasión, y precisamente esta lo era pues su vida estaba en peligro de ser extinguida por los dientes de aquella espada sierra blandida por el Caballero de la Mirada Sangrienta, la cual rugía a más no poder en el habitáculo de la pintora , con la intención de inspirar terror a su presunta víctima.
Sin embargo, Mirada Sangrienta todavía no hacía nada contra ella, pues carecía de voluntad propia, y era la marioneta del Innombrable, la cruel entidad alienígena que coleccionaba el alma de los locos para hacerse más fuerte con aquellas visiones distorsionadas del mundo instaladas en su mente y en su corazón.
Unas visiones que habían asumido la forma de miedos terribles a una posible mutilación física que podría sumirla en una condición de mayor inferioridad respecto a las demás personas que moraban en el sanatorio selenita del doctor Syford, y a los ciudadanos del Planeta Azul, de donde eran oriundos todos aquellos locos.
Pero Casandra era plenamente consciente de aquella amenaza contra su vida, y sabía que era pertinente convocar a ese guardián que había cortado en pedazos muy menudos al padre que la ultrajó cuando era más joven, y ante la inacción de Mirada Sangrienta, su cabeza se puso en marcha y la figura de su ninja protector se materializó justo a su lado como correspondía a un ser de su rango.
La faz del Innombrable pareció volver a la vida con la súbita aparición del ninja, después de todo aquel guerrero no le era desconocido y sabía de su hazaña porque había husmeado en la mente de Casandra hacía poco; ahora se alegraba de poder enfrentar a Mirada Sangrienta con aquel sujeto de rostro velado, y mirada rasgada que blandía una simple espada de samurai como único instrumento ofensivo.
Al Innombrable no le cabía duda de que su campeón era muy superior a ese individuo emanado de la mente de una pintora loca, y que no le costaría mucho trabajo hacerlo picadillo. Después de eso, su asesino daría cuenta de Casandra y de todos los locos asilados en el sanatorio del doctor Syford, pero todo eso continuaría siendo un sueño, sino abría la boca para proferir las palabras indicadas para convertir a Mirada Sangrienta en una máquina asesina.
Y el Innombrable las pronunció, y aunque esas palabras le sonaron a Casandra a pura jerigonza, tuvieron el mágico efecto de poner en acción a su ominoso esbirro. en marcha contra su objetivo inmediato, quien se encontraba sentado con las piernas cruzadas, y la katana enhiesta sostenida por su mano.
De ese modo Mirada Sangrienta corrió raudo hacia dónde el ninja se había hecho su aparición, con su poderosa espada sierra activa y con ganas de morder la carne de aquel incómodo guardián que protegía a la pintora loca, mientras vociferaba el brutal grito de guerra que era común a todos los de su especie.
El ninja permaneció impávido ante la acometida de su rival, es más pareció despreciar con su inmovilidad toda la parafernalia guerrera que estaba desplegando aquel guerrero totalmente blindado, y al parecer invulnerable a los mandobles de la katana que empuñaba en su mano todavía quieta.
Mirada Sangrienta estaba furioso y desatado, y ansiaba descargar su espada contra aquella presa aparentemente fácil que esperaba ser sacrificada como una res en el matadero, pero para sorpresa del Innombrable y su esbirro un campo de fuerza, de aspecto esférico, pareció brotar del cuerpo del ninja sedente; de ese modo el guardián de Casandra permaneció incólume ante el mandoble de su rival, y no recibió el menor daño de su atacante.
Más bien se quedó sorprendido de que esto ocurriese pues la verdad no se esperaba tanta resistencia de una víctima potencial, es más el Innombrable y su esbirro no estaban acostumbrados a pasar esta clase de vicisitudes a la hora de colectar un alma. Mirada Sangrienta se había quedado inmóvil ante el ninja que aparecía enteramente rodeado por aquella infranqueable domo luminoso..
Y por vez primera, desde que tenía memoria, Mirada Sangrienta se sintió impotente y totalmente incapaz de obedecer la voluntad de su amo, aquel extraño vagabundo galáctico que odiaba usar un nombre y solía recorrer los manicomios del Espacio Descubierto. Este maldito ninja, sin prosapia ni rango, se había atrevido a luchar contra él usando estrategia propias de las más remotas guerras galácticas.
Pero el Innombrable, más astuto que su secuaz se dio cuenta que el ninja no era más que una simple emanación mental de la pintora loca, y que si querían derrotar al espantajo simplemente tenían que cortarle la cabeza a la susodicha para destruir a esa malhadada ilusión que estaba frenando todo su propósito.
La orden mental del Innombrable reavivó el ánimo de Mirada Sangrienta, levantó la cara y vio a la pintora de largos cabellos y uniforme blanco con esos extraños ojos de color rubí que le habían dado el nombre. Era una presencia real y orgánica que le había pasado inadvertida pues su atención se había concentrada en el ninja que había detenido su ataque con aquel inaudito campo de fuerza.
El contacto visual se había dado , y la imagen de Casandra resaltaba dentro de sus retinas como si alguien hubiera vertido una sustancia fosforescente sobre el cuerpo de la susodicha, era cuestión de correr hacia donde estaba para someterla y cortarle la cabeza como era el deseo de su amo, y su propio impulso de matar propio de un veterano de las Guerras Cósmicas.
El frenesí bélico que había poseído a Mirada Sangrienta era tal que se olvidó por completo del ninja cubierto por el domo resplandeciente, sencillamente lo ignoró y cargó contra la pintora que ya había empezado a balancear los brazos como si estuviera haciendo alguna especie de conjuro que alteró la aparente solidez del campo de fuerza que cubría al ninja permitiendo el paso de dos objetos con aspecto de estrella pentagonal, los cuales impactaron con precisión los cristales rojos protegían los orificios que le permitían ver.
Mirada Sangrienta arrojó la espada a un lado, antes de caer al suelo, herido y ciego, retorciéndose del gran dolor que afectaba su cuerpo, ahora inútil para la lucha, y también para el Innombrable, quien decidió huir del habitáculo de Casandra rumbo al Espacio Desconocido, sin concretar su cometido plenamente; dejándole a los esbirros de Syford la tarea de acabar con el sufrimiento del infeliz guerrero que bramaba de dolor ante la total indiferencia de la pintora que había causado su desgracia.

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