viernes, 17 de enero de 2020

3.Y CASANDRA SE AMPUTO LOS DEDOS.


La visión que se describe en este microrelato  es un dibujo cuya  autoría pertenece  a la joven pintora peruana Judith Vergara García.

Casandra contempló su dibujo y quedó estremecida ante lo que su mano acababa de hacer; desde el papel la miraba una criatura incompleta , una mujer sin boca, y por ende incapaz de usar la voz para comunicarse con alguno de sus semejantes, alguien condenado al ostracismo, al silencio de un monstruo cautivo en una jaula , y cuya rareza todos podrían estudiar con la mirada.
Pero aquella cara no estaba muda, funcionaba como una puerta por la cual se filtraba el miedo que pretendía abarcar aquel recinto por entero, mientras  Casandra percibía como si estuviera frente a un vasto abismo perdido entre las montañas, poseída por el fuerte deseo de  arrojarse y atravesar el aire como la más excelsa de las suicidas.
Los ojos de la cara sin boca la miraban furiosos y omnipresentes, como dos pequeñas bocas escupiendo ordenes, como dos  teas ardiendo en pos de traducirse en hoguera. Casandra sintió como su cara se partía por la mitad, y se abría esas mitades fueran las hojas de una puerta que obedeciera a una fuerza poderosa que fluía de la imagen que sostenía ante ella.
Mientras tanto su mente se iba saturando con una visión tan extraña y oscura  como la que había dibujado antes.
De repente, Casandra soltó la hoja como si esta quemara tanto que no pudiera sostenerla más, y buscó su tablero de dibujo para plasmar la visión que acaba de recibir, por suerte el tablero estaba repleto de hojas en blanco, y no tuvo que perder tiempo en buscarlas.
Sobre la hoja plasmo el retrato de una mujer joven, de cabellos desgreñados,  mirada desorbitada, y labios fruncidos,  sentada ante una mesa en cuya superficie se encontraba una taza de porcelana, de esas que suelen usarse para desayunar, aunque esta vez sirviera como recipiente para recoger la sangre y  los dedos que se  estaba amputando con una tijera   cuyos filos continuaban  dispuestos a  seccionar por la mitad  aquellos que todavía permanecían intactos en su mano temblorosa y mutilada.

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