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domingo, 19 de enero de 2020

8. Y CASANDRA SE ENFRENTÓ A SU TORTURADOR.





Casandra advirtió que la confianza del Innombrable menguaba porque había descubierto que en ella moraban muchas almas, algunas pacíficas y otras violentas,  dispuestas aflorar cuando fuese la ocasión, y precisamente esta lo era pues su vida estaba en peligro de ser extinguida por los dientes de aquella espada sierra  blandida por el Caballero de la Mirada Sangrienta, la cual rugía a más no poder en el habitáculo de la pintora , con la intención de inspirar terror a su presunta víctima.


Sin embargo, Mirada Sangrienta todavía no hacía nada contra ella, pues carecía de voluntad propia, y  era la marioneta del Innombrable, la cruel entidad alienígena que coleccionaba el alma de los locos para hacerse más fuerte con aquellas visiones distorsionadas del mundo instaladas en su mente y en su corazón. 


Unas visiones que habían asumido la forma de miedos terribles a una posible mutilación física que podría sumirla en una condición de mayor inferioridad respecto a las demás personas que moraban en el sanatorio selenita del doctor Syford, y a los ciudadanos del Planeta Azul, de donde eran oriundos todos aquellos locos.


Pero Casandra era plenamente consciente de aquella amenaza contra su vida, y sabía que era pertinente convocar a ese guardián que había cortado en pedazos muy menudos al padre que la ultrajó cuando era más joven, y ante la inacción de Mirada Sangrienta, su cabeza se puso en marcha y la figura de su ninja protector se materializó justo a su lado  como correspondía a un ser de su rango.


La faz del Innombrable pareció volver a la vida con la súbita aparición del ninja, después de todo aquel guerrero no le era desconocido y sabía de su hazaña porque había husmeado en la mente de Casandra hacía poco; ahora se alegraba de poder enfrentar a Mirada Sangrienta con aquel sujeto de rostro velado, y mirada rasgada que blandía una simple espada de samurai como único instrumento ofensivo.


Al Innombrable no le cabía duda de que su campeón era muy superior a ese individuo emanado de la mente de una pintora loca, y que no le costaría mucho trabajo hacerlo picadillo. Después de eso, su asesino daría cuenta de Casandra y de todos los locos asilados en el sanatorio del doctor Syford, pero todo eso continuaría siendo un sueño, sino abría la boca para proferir las palabras indicadas para convertir a Mirada Sangrienta en una máquina asesina.


Y el Innombrable las pronunció, y aunque esas palabras le sonaron a Casandra a pura jerigonza, tuvieron el mágico efecto de poner en acción a su ominoso esbirro. en marcha contra su objetivo inmediato, quien se encontraba sentado con las piernas cruzadas, y la katana enhiesta sostenida por su mano.


De ese modo Mirada Sangrienta corrió raudo hacia dónde el ninja se había hecho su aparición, con su poderosa espada sierra activa y con ganas de morder la carne de aquel incómodo guardián que protegía a la pintora loca, mientras vociferaba el brutal grito de guerra que era común a todos los de su especie.


El ninja permaneció impávido ante la acometida de su rival, es más pareció despreciar con su inmovilidad toda la parafernalia guerrera que estaba desplegando aquel guerrero totalmente blindado, y al parecer invulnerable a los mandobles de la katana que empuñaba en su mano  todavía quieta.


Mirada Sangrienta estaba furioso y desatado, y ansiaba descargar su espada contra aquella presa aparentemente fácil que esperaba ser sacrificada como una res en el matadero, pero para sorpresa del Innombrable y su esbirro un campo de fuerza, de aspecto esférico, pareció brotar del cuerpo del ninja sedente; de ese modo el guardián de Casandra permaneció incólume ante el mandoble de su rival, y no recibió el menor daño de su atacante.


Más bien se quedó sorprendido de que esto ocurriese pues la verdad no se esperaba tanta resistencia de una víctima potencial, es más el Innombrable y su esbirro no estaban acostumbrados  a pasar esta clase de vicisitudes a la hora de colectar un alma. Mirada Sangrienta se había quedado inmóvil ante el ninja que aparecía enteramente rodeado por aquella infranqueable domo luminoso..


Y por vez primera, desde que tenía memoria, Mirada Sangrienta se sintió impotente y totalmente incapaz de obedecer la voluntad de su amo, aquel extraño vagabundo galáctico que odiaba usar un nombre y solía recorrer los manicomios del  Espacio Descubierto. Este maldito ninja, sin prosapia ni rango, se había atrevido a luchar contra él usando estrategia propias de las más remotas guerras galácticas.


Pero el Innombrable, más astuto que su secuaz se dio cuenta que el ninja no era más que una simple emanación mental de la pintora loca, y que si querían derrotar al espantajo simplemente tenían que cortarle la cabeza a la susodicha para destruir a esa malhadada ilusión que estaba frenando todo su propósito.


La orden mental del Innombrable reavivó el ánimo de Mirada Sangrienta, levantó la cara y vio a la pintora de largos cabellos y uniforme blanco con esos extraños ojos de color rubí  que le habían dado el nombre. Era una presencia real y orgánica que le había pasado inadvertida pues su atención se había concentrada en el ninja que había detenido su ataque con aquel inaudito campo de fuerza.


El contacto visual se había dado , y la imagen de Casandra resaltaba dentro de sus retinas como si alguien hubiera vertido una sustancia fosforescente sobre el cuerpo de la susodicha, era cuestión de correr hacia donde estaba  para someterla y cortarle la cabeza como era el deseo de su amo, y su propio impulso de matar propio de un veterano de las Guerras Cósmicas.


El frenesí bélico que había poseído a Mirada Sangrienta era tal que se olvidó por completo del ninja cubierto por el domo resplandeciente, sencillamente lo ignoró y cargó contra la pintora que ya había empezado a balancear los brazos como si estuviera haciendo alguna especie de conjuro que alteró la aparente solidez del campo de fuerza que cubría al ninja permitiendo el paso de dos objetos con aspecto de estrella pentagonal, los cuales impactaron con precisión los cristales rojos protegían los orificios que le permitían ver.


Mirada Sangrienta arrojó la espada a un lado, antes de caer  al suelo, herido y ciego, retorciéndose del gran dolor que afectaba su cuerpo, ahora inútil para la lucha, y también para el Innombrable, quien decidió huir del habitáculo de Casandra rumbo al Espacio Desconocido, sin concretar su cometido plenamente; dejándole a los esbirros de Syford la tarea de acabar con el sufrimiento del infeliz guerrero que bramaba de dolor ante la total indiferencia de la pintora que había causado su desgracia.



















sábado, 18 de enero de 2020

9.Y CASANDRA SUBIO A UN PEDESTAL

A Judith Vergara García, autora de los cuadros que se describen en este relato.
La imagen que sirve de portada a este relato es de autoria de esta talentosa artista.
Las paredes de su estudio estaban cubiertas de cuadros, y todos ellos mostraban una visión o una pesadilla  protagonizada por una mujer parecida a ella, pero no ella exactamente.
Los cuadros estaban alineados, uno a continuación de otro, como si estuvieran en exposición permanente para Casandra, su creadora, y en todos ellos se representaba a una mujeres semidesnudas en actitudes bizarras.
Y su mirada recorría cada cuadro con fruición, como recordando el trance suscitado cuando fue concebido.
 Ahí estaba la  mujer levitante , con los cabellos largos y sueltos cubriendo sus senos, que extendía los brazos  hacia atrás como acariciando la oscura selva   que servía de fondo. Más allá aparecía una  hembra manca , de mirada  enigmática, y largos cabellos, posando delante de una pared ocre  cubierta de flores enormes. Un poco más lejos, se divisaba  otra  fémina  , de rostro hierático, con las manos juntas y actitud orante, con tres naipes  sobresaliendo de la truza que era su único vestido.
En la pared contigua, estaba otra mujer , sosteniendo una llave capaz de abrir  un extraño cinturón, cuya cerradura tenia el aspecto de una vagina. Más allá, estaba la mujer sin boca, mirando  al espectador con toda la furia de sus ojos.
 Y hablando de ojos,  Casandra había colgado cerca de este cuadro uno donde aparecía una mujer tuerta sumergiendo un globo ocular dentro de una taza llena de agua caliente.
En otro cuadro, próximo  al anterior, el personaje era la misma mujer, que miraba enloquecida al espectador, mientras se cortaba los dedos uno a uno sobre una taza que recibía la sangre que brotaba de aquellos muñones.
Mas allá surgió el vacío, una pared desnuda de cuadros anunció el final de aquel periplo de serenidad y horror, pero los ojos de Casandra seguían  hambrientos de contemplación, y aunque ya no hubiera cuadros que ver, podía hacer  algo para elaborar una composición que fuera tan  aceptable para la vista, como los cuadros que había pintado.
Entonces fue cuando su mirada se topó con una vieja cómoda de madera  que le acompañaba desde la infancia; pero, en este instante, Casandra la veía como un objeto perfecto por la proporción que guardaban los elementos que la componían: los seis cajones, colocados de arriba hacia abajo, estaban alineados simétricamente, y lo mismo podía decirse de los jaladores que permitían abrirlos.
A su mente vino la idea de usar la cómoda como pedestal, el asunto era que poner sobre ella, al principio se le ocurrió llenar aquel vacío con una cabeza de maniquí cubierta   con una peluca corta  de las que se usan para caracterizar a Cleopatra.
Y lo hizo, pero la composición no le gustó: la cabeza era demasiado pequeña, y la cómoda demasiado grande, no existía armonía entre ambos objetos, y eso dañaba la imagen. Necesitaba un elemento que guardase proporción con altura  de la cómoda para que pudiera verse bien, en medio de los cuadros.
De un manotazo arrojó a la cabeza al suelo, y el lugar volvió a quedar vacío como reclamando ser ocupado por algo digno de estar allí.
Casandra contempló  el vacío y pensó  como llenarlo; las ideas aparecían y desaparecían en su mente, pero  las  descartó, hasta que una la sedujo por la osadía que implicaba llevarla a cabo.
Entonces se acercó a la cómoda y  miró desafiante  el vacío que pretendía llenar  con  la imagen que había surgido en su mente, a continuación  cogió  la falda del vestido  que llevaba puesto, y se lo quitó de un tirón.
El vestido voló por encima de su cabeza, y Casandra quedó desnuda ante la cómoda, su cuerpo esbelto y delgado era armonioso en sí mismo, y el breve volumen de sus senos contribuía con  esa imagen de  simetría que fluía de ella.
Era el momento de aniquilar  el vacío, de conquistarlo,  llenándola con la su propia plenitud, y  Casandra avanzó hacia la cómoda, moviéndose  con elegante  parsimonia, como dispuesta a ocupar el  sitial que le correspondía.
Casandra trepó  sobre la cómoda, y se acuclilló , con agilidad, sobre aquella  angosta cúspide, su mano izquierda cogió uno de sus pechos como sopesándolo, mientras la otra creaba el equilibrio para sostenerse, luego parpadeó un par de veces para activar la cámara instalada frente a ella.
Luego, cerró los ojos e inclinó la cabeza sobre su pecho, y su  cabellera  cayó  suavemente  sobre su espalda.
La imagen era una perfecta reunión de forma y de luz, tenía esa serenidad y misterio que emanaban de algunas de las pinturas que ahí estaban.
Y se quedó quieta, durante  un rato que le pareció eterno, para que las personas conectadas con ella disfrutaran  de aquella fortuita  ocurrencia hasta que su cansancio  le exigiera variar de posición.
FIN

10.Y CASANDRA ABRIO LA PUERTA DEL LIMBO

El cuadro que sirve de portada a este relato es obra de la pintora limeña Judith Vergara Garcia
Exordio
El doctor Claude Syford es un hombre calvo y corpulento , cuyo torso está acoplado a una especie de platillo volante que le permite acudir a cualquier parte del sanatorio que le han confiado dirigir aquí en la Luna. Como habrán supuesto carece de piernas, pero no las añora pues se siente muy a gusto sobrevolando las parcelas que ocupan los pacientes. 
Allá abajo éstas se ven tan diminutas como juguetes, a través de la transparente solidez de las cúpulas de vitrolux. El platillo empieza a descender y aquellas tierras ahora ofrecen  un aspecto más real: parecen una serie de campos de fútbol alineados por una mente maestra , su extensión no es demasiado grande pueden albergar los mini universos donde habitan aquellos que fueron declarados insanos luego de haber morado en las ciudades del planeta azul. 
Syford advierte que apenas perciben su presencia, parecen asustarse y empiezan a correr hacia los habitáculos en forma de iglú que se erigen en el centro de cada una de aquellas tierras selenitas. En su fuero interno tal vez teman despertar los instintos cazadores del doctor, pues la mano izquierda de Syford tiene el aspecto de una potente boca de fuego con la cual, se dice, gusta fulminar a los pacientes a los que sorprende quebrando la rutina terapéutica , por ello los pacientes lo apodan “Rayo”, pues tienen una buena razón para justificar el apelativo.
Syford tampoco tiene ojos, pues éstos han sido remplazados por unas antiparras firmemente adheridas sobre sus cuencas, semejando una especie de antifaz permanente, sin embargo no está ciego, y este adminiculo le permite ver lo que sucede dentro de cada de una de las parcelas ocupadas por los orates, pero ahora su interés no es policíaco. 
Dentro de ese cuerpo otrora humano, y ahora repleto de prótesis todavía late un corazón de hombre, un órgano donde si bien no tiene cabida el amor todavía queda espacio para el deseo, por ello con la mano que le queda Syford manipula los diales de la consola de control del platillo que soporta su cuerpo para seleccionar la imagen que desea ver, apenas termina de hacerlo aparece la imagen de un recinto lleno de cuadros pintados, y otros en proceso de creación, todos montados sobre sus respectivos caballetes.
Sobre las mesas contiguas aparecen un montón de frascos abiertos y apiñados en completo desorden, mientras un pincel entra y sale de ellos conducido por la mano de una mujer muy delgada y de cabello lacio, vestida con una bata blanca en cuya solapa lleva bordado un nombre exótico: Casandra. Manchas de colores cubren la prenda y lo mismo ocurre en cada uno de los cuadros que la artista está pintando simultáneamente.
Pero esta vez Casandra no se encuentra desnuda, trepada sobre un pedestal, como ocurrió cuando ella despertó su atención y de toda la colonia psiquiátrica entera, más bien se encuentra concentrada, sumida en un momento creativo, poseída por la pulsión interna que la induce a dar vida a un mundo alterno a lo que suele considerarse real . Desnudarse ante todos fue una osadía, un pretexto para hacer arte a través de su cuerpo, pero no es lo suyo. Casandra prefiere envolver las cosas en la bruma de los símbolos, para que los que se atrevan se encarguen de desentrañar la maraña que ella misma inventó.
Cuerpo.
Casandra se ha detenido ante un cuadro todavía inconcluso, ha pintado a dos mujeres jóvenes, ambas son gemelas y tienen sus cabelleras sueltas como prefiere llevarla ella misma cuando no está pintando, pero las féminas del cuadro tienen los cabellos blancos y resplandecientes como melenas de ángel. En un arranque de pudor Casandra ha querido que un par de mechones, procedentes de esas  melenas, cubran los senos de sus personajes por completo,  mientras el resto de sus cuerpos permanecen desnudos, despidiendo un majestuoso esplendor que ella planea conferir al resto del cuadro. 
A pesar que este es la obra que más le interesa hay otra que reclama su atención pues ésta mucho más avanzado que éste: se trata de otra mujer bastante joven y apenas vestida, la chica resplandece al igual que sus congéneres del otro cuadro, pero no está tan quieta como ellas, más bien se divierte destruyendo un castillo de naipes que seguramente le costó trabajo construir, su pie izquierdo está impactando, como un ariete, contra esa frágil estructura.
 Un as de espadas yace sobre el césped muy cerca de la mano que resiste el peso del  cuerpo de la chica que ahora se complace destruyendo lo que antes creó, entre tanto  el siete de corazones inicia su vertiginosa defenestración, acompañado del cuatro de espadas, y de un comodín que ya está tocando el suelo. El castillo acusa el efecto del impacto del pie descalzo, y un pavoroso vacío se aprecia en su parte superior, mientras la inferior todavía permanece incólume. Casandra le da los últimas pinceladas antes de prestarle atención a otro cuadro que representa a la misma fémina del cuadro anterior, aunque esta la chica solo sea una silueta vacía sin rasgos de identidad reposando sobre un claro de bosque sobre el cual descienden cinco gráciles lepidópteros de alas blanquecinas.
El doctor Syford ha seguido todos los movimientos de Casandra desde su platillo volante sin comprender los hechos a cabalidad, de facto nunca ha entendido porque Casandra prefiere permanecer encerrada dentro de su iglú, ocupada en la tarea de plasmar sus sueños y codificarlos sobre un soporte físico para hacerlos visibles para ¿ los otros?, ¿ para ella misma?, ¿ Acaso su mente necesitaba expulsar fuera de sí misma tanta perplejidad?. 
 El caso era que la contemplación de esos cuadros era como abrir la puerta de la eternidad, y como bien sabía Syford  esa dimensión es una prolongación del tiempo, algo indefinible que hace tambalear la lógica como ese castillo de naipes que Casandra había plasmado en uno de sus cuadros, y que había atrevido a derribar en un arranque de perfeccionismo.
Lo concreto era que el mundo de Casandra estaba habitado por mujeres tan  jóvenes como ella misma, eso saltaba a la vista, ¿acaso eso no significaría un anhelo manifiesto de eternidad? También había advertido  que todas esas mujeres guardaban un fuerte parecido con la misma Casandra, y que aparecían sobre paisajes idílicos, donde prevalecía una luz tan pura, tan límpida que parecía proceder del empíreo., una luz que amenazaba esparcirse e invadir la porción de mundo que el doctor Syford le había asignado a Casandra.
Epílogo I
En ese instante, Syford se sintió como un hombre sometido al ímpetu de un oleaje tremendo, el mundo de Casandra, esa dulce e inefable locura estaba golpeando los flancos de su banco de memoria, quería envolverlo, apropiarse de él sin pedirle permiso para hacerlo, y en su caso eso podía considerarse una degradación pues Claude no está al mismo nivel del rebaño de locos que gasta sus días en el sanatorio selenita, entonces recordó todo el impacto que había producido el improvisado desnudo de Casandra en las mentes de los internos, aquella visualización despertó en Syford los residuos de su condición de hombre, tal vez eso le había inducido darse una vuelta por el sector donde Casandra tenía su iglú, su bunker personal repleto de cuadros, la sombra de su cuerpo desnudo estaba en su mente, pero ahora esa fascinación se había desvanecido, sin transición alguna había reaparecido la faceta más dura del doctor Syford, aquella que no estaba resquebrajada por ninguna fisura emocional, de las nubes había vuelto al suelo de Luna. 
Claude se miró las manos, el cañón estaba a su siniestra, los cinco apéndices llamados dedos a su diestra. La hiel y la miel juntas, la opción a decidir entre amonestar o castigar, o ¿podría resumir ambas en una sola  dejando de lado la simplificación?. Le tomó un segundo ponerse de acuerdo consigo mismo, y su mano empezó a moverse hacia los botones del panel de control de su platillo volante.
Casandra continúa pintando, extasiada en darle forma a las imágenes que constantemente produce su mente. El cuadro de las gemelas desnudas progresa, ambas tienen una jofaina metálica en cada mano, y el agua brota de ellas como una suave catarata cuyas gotas se precipitan sobre un árbol  de hojas iridiscentes, una especie de bonzai que ha sido añadido recientemente por el pincel de la pintora.
 Las gemelas miran dulcemente como el agua cae sobre la planta, como las gotas mojan la tierra humectándola, dándole vigor para sustentar a la vida ahí enraizada. Casandra mira el cuadro detenidamente un rato, y en su rostro se refleja la satisfacción de haber creado algo que está a la altura de lo imaginado.  No lejos de ahí , otro cuadro reclama su atención, para Casandra el acto de pintar puede compararse a comulgar con la divinidad, los cuadros se asemejan a los feligreses esperando recibir una fracción de ella en sus cuerpos. Ella  sabe que es la única que puede organizar la composición de sus obras, el aspecto final que puedan tener cuando otros retinas las integren, Casandra intuye que pocos tendrán suerte de adentrarse con éxito en su mundo de féminas durmientes, bosques, y jofainas de metal, entrelazar estos elementos y encontrar su hilo conductor es un trabajo hercúleo para la mayoría de los mortales, pero a ella le fascina producir esa fatiga en las almas ajenas, es su manera de jugar con ellas, de vengarse por su tácita falta de complicidad en la soledad.
El cuadro de la muchacha durmiente avanza también. Casandra prepara mucho sus cuadros, y la pose ahí representada proviene de una de las tantas fotografías que ella se ha tomado con antelación  en uno de los cráteres que abundan sobre la superficie del Mar de la Crisis, al final de proceso ella olvida que el suelo de la luna es un monótono polvo  gris carente  de vegetación. Sin darse cuenta, Casandra añora la Tierra, y naturalmente sus obras reflejan la flora y la fauna de su mundo de origen, Esta vez la muchacha no está enteramente desnuda, la cubre una camiseta y tiene las piernas dispuestas de tal modo que sus partes íntimas quedan ocultas ante el espectador, su cuerpo irradia un brillo seductor, inquietante, capaz de transportarte a un abismo de languidez, ajeno al tiempo. ¿ Hará falta pintar más mariposas? Casandra siente la euforia de la creación, y moja la punta del pincel en la paleta de colores que sostiene con su brazo izquierdo, y blande el color  para aplicarlo ahí donde su imaginación le dice que un lepidóptero debe estar, muy cerca de los cabellos azabache  de la durmiente, eternamente joven, dueña de esa pequeña isla de verdor congelada en el lienzo justo como ella quiere, pues ese es su modo de concebir la eternidad.
 Acaba de pintar  una mariposa más,  y se encamina hacia un cuadro de forma elipsoide  que le está esperando en, él ha pintado un cielo gris y congestionado de nubes como anunciando una tormenta. Casandra decide que el firmamento luce enfermizo, y  hay que agregarle un elemento perpendicular que integre el “arriba” con el “abajo” del elipsoide . Piensa en algo que pueda cumplir esa función y se le ocurre que el tronco de un árbol deshojado es el mejor puente, las ideas siguen lloviendo sobre ella atestando la húmeda punta del pincel  enhiesto, y aunque siempre las mismas ella se da abasto para hacerlas prosperar sobre aquellos paisajes tristes pero llenos de color. Su mejor modelo es ella misma; volverá a duplicarse, y dos gemelas suyas ocuparan las ramas añosas de este árbol mustio siempre jóvenes,  siempre ambiguas, con esa parsimonia de los objetos inmóviles que precisan estudio para ser gozados. La boca de su alma es el pincel, su voz es el color derramándose, es delicioso imaginar antes de hacer, subir al trampolín e imaginar el impacto contra el agua.
Epilogo II
Syford advierte que Casandra está arribando a una especie de clímax lo sabe porque  puede sintonizar la emoción que ahora la está dominando, como su corazón retumba en el pecho de la fémina marcando cada uno de sus pasos hacia el elipsoide. Simultáneamente, es participe del inicio del proceso sináptico, que hace patente la transmisión de las ideas que acuden  hacia  la mente de la interna.
La pintora se encuentra tan obsesionada con su propia creación que no presta atención a nada más,  por lo tanto Syford entiende que es el momento de imponer su autoridad sobre la descarriada; Casandra no sabe que su interior está repleto de letales mecanismos que abandonan su inactividad para infligir daños severos e irreversibles en el conglomerado celular de su cuerpo. La secuela de su accionar se deja sentir pronto: Casandra siente que los huesos le duelen, que no puede andar bien, de pronto se mira las manos y se da cuenta que su piel se ha apergamino, que la carne se le está pegando a los huesos. No hay un espejo que le informe sobre la condición de su rostro, pero supone que  la  súbita intrusión de la senectud también ahí ha hecho estragos. Se ha vuelto vieja en un abrir y cerrar de ojos, y ha quedado sorprendida por la sevicia del ataque, pero su mente todavía resiste, no se ha reblandecido todavía, es perfectamente consciente de que Syford se ha cansado de soportar sus extravíos pictóricos, para él son un insulto a su inteligencia porque no puede entender porque Casandra evoca  tanto ese mundo idílico completamente ajeno a las rutinarias terapias del sanatorio lunar.
 Syford ha manipulado la fisiología de su víctima para  ponerla hasta el límite, ahora el contraste entre ella y sus cuadros es radical, demasiado patente: ellas son jóvenes y ella vieja, De un salto Casandra ha arribado al último estadio de la vida humana, una edad en la que el cuerpo es un despojo, un anatema para todos. Y Syford estalla en carcajadas, sabiendo que para ella no hay retroceso alguno, que la juventud ha quedado lejos,está extirpando el lunar en medio de la luna, le hace gracia el juego de palabras y lo registra en el disco duro del platillo volante para usarlo luego cuando sea necesario rememorar este episodio como una hazaña ante sus superiores inmediatos. Syford solo espera que la degradación orgánica se haga completa para enviar a los enfermeros portadores de la eutanasia para que la hagan efectiva cuando Casandra empiece a pedirla. Le ofrecerá, sin que ella lo sepa, el consuelo de enviarla al espacio en una cápsula de contornos elipsoides como el cuadro que estaba pintando, cuando ocurrió la transformación.
 Los ojos de Casandra todavía ven  lo suficiente y orientan aquel cuerpo decadente hacia los cuadros que han salido de su mano, a sus retinas llegan matices opacos, figuras no definidas que debe reconstituir con ayuda de la memoria, solo eso le permite ajustar su camino actual con el anterior. Casandra aún envejecida sigue andando, su mano no ha soltado el pincel como si todavía pretendiera aplicar el color en alguna parte, como si sus dedos estuvieran encadenados a él y no pudiera liberarse de su impronta jamás, pero lo cierto es que esa mirada agotado ha avistado una cosa extraordinaria, de repente un vaho neblinoso con matices dorados  que  pesadamente se levantaba del suelo como si pretendiera establecer una frontera entre los cuadros y ella misma. En ese instante, se preguntó si podría atravesar el obstáculo que tan repentinamente se había presentado ¿ estaría controlado por fuerzas hostiles? ¿ sería fruto de alguna ilusión óptica?.
De lo que estaba segura, era que no desperdiciaría el poco tiempo que le quedaba en averiguarlo. Simplemente aquella nube  se convertía en una especie de cielo que alcanzar , por eso siguió avanzando sin temor alguno a ser desintegrada . El aspecto de la nube era suave y brillante, como si en su corazón estuvieran apiñadas todas las estrellas, era curioso que esa vagabunda porción de galaxia  hubiera aparecido ante ella tan de repente como si una voluntad superior hubiera programado su arribo a esta comarca selenita
 La nube no está quieta, y se mueve  es difícil adivinar donde se encuentra su centro, pues se ha extendido tanto que ha llegado a ocupar todo el contorno de su taller, podría decirse que las volutas de humo se han dedicado a devorar sistemáticamente todo lo que contiene su taller. Casandra  continúa acercándose, al parecer no le preocupa que el humo siga esparciéndose más y más, sus manos se extienden buscando como meterse dentro de la nube, entonces Casandra escuchó como si alguien hubiera chasqueado los dedos en algún lugar cercano a ella, claro estaba que no podía verlo por la presencia de la bruma que lo envolvía todo,  el sonido no la distrajo mucho pues pronto se dio cuenta de que su cabeza había sido circundada por un esferoide translúcido, a modo de una escafandra protectora.
  Casandra comprendió que no estaba sola, que alguien o algo premunido de un poder trascendente le estaba extendiendo la  mano, y  eso le alegró sobremanera en medio de tanta tribulación. Ante ella, dos volutas de humo asumieron por un instante el aspecto de las columnas de un pórtico espectral, la visión duro unos segundos: en medio de estas prosperaba el vacío más oscuro y centelleante era el espacio exterior bordado de soles ardientes. Dio algunos pasos hacia adelante y la ingravidez se apoderó de ella, el pórtico se había convertido en un una especie de túnel plagado de relámpagos de energía psiquica. Los fogonazos prosperaban a través de aquella senda misteriosa que se tendía como un puente hacia un espacio ciertamente ignoto, desconocido.
El túnel se acabo, ahora  su cuerpo flotaba en medio de la nada incandescente, pero Casandra no se sentía intimidada por las nuevas condiciones  imperantes, pues presentía que se encontraba sobre el umbral de algo nuevo, era una sensación semejante a la embargaba cuando pintaba sus cuadros con la diferencia era que ahora se hallaba en medio de un mundo de posibilidades absolutamente real, podía decir que una puerta se había abierto para ella, el vasto universo que contenía a la luna y a todos los astros posibles le estaba brindando un cálido abrazo, justo ahora que daba inicio a su verdadera odisea. Continuó dando vueltas sin rumbo alguno hasta que sus ojos divisaron un inmenso rombo cuya superficie reflectante recogía la imagen de la propia Casandra  flotando al garete, al instante comprendió que esa figura geométrica era el medio de impulsión de un pequeño velero solar procedente de algún sector de aquel espacio misterioso.
El velero continuo emergiendo de la oscuridad, la nave resplandecia como una joya estelar, era  una  mariposa liberandose de su capullo , y Casandra pudo admirar la complicada estructura de montantes   vinculaba la vela con el fuselaje toroidal que daba cuerpo a la nave, el corazón de Casandra volvió a latir con fuerza cuando se dio cuenta que el velero tenía la misma luz fantasmagórica que se desprendía de los cuadros que pintaba en su taller. No podía negar a si misma que estaba excitada de haber encontrado un objeto procedente de un mundo completamente afín con ella, a medida que la nave estaba más cerca, Casandra distinguió que de la  superficie de la nave se desprendían varias figuras humanoides también provistas de escafandras como lo estaba ella misma, sin embargo aquellos seres no flotaban al garete, más bien se encontraban enlazadas con el casco de su nave de origen mediante cables de sujeción que remitían a pensar en los cordones umbilicales de los recién nacidos.
Pero esto no lo era que lo que realmente contaba para Casandra, lo importante era que se estaban acercando, que  deseaban rescatarla del vacío , la presunción era fuerte y se vio confirmada cuando estuvo frente a frente con una de ellas: era una chica de rostro juvenil que tenía mucho de ella misma.Había arribado a un paraje de su propio universo perdido en medio de la nada en cuyo seno comulgan todos los mundos posibles.¿ Volvería a ser joven de nuevo? , sólo las féminas que habían acudido en su rescate podrían decirselo cuando estuvieran seguras dentro del velero y muy lejos de la luna.
Syford no entendía qué estaba pasando, ¿ de dónde había aparecido esa nube? ¿ acaso el Mar de la Crisis, o quizá toda la luna estaba siendo intervenida por fuerzas alienígenas que los militares terrícolas no podían controlar?. Llamó al Cuartel General donde se concentraba el mando de las Fuerzas Armadas Selenitas, pidió informes y le contestaron que todos los sectores de la luna se hallaban sumidos en la rutina más absoluta, eso quería decir que se estaba ante un fenómeno puramente local. De inmediato se puso a cavilar sobre lo que sería más conveniente hacer para solucionar el problema que tan repentinamente había aparecido en el iglú de Casandra, definitivamente la chica estaba tan enfrascada en su propio mundo que jamás permitiría que terapia alguna erosionara su pasión por proyectar las ilusiones que brotaban de su subconciente, en resumen Casandra era una anomalía  que no encajaba bien aquí , y estaba seguro que podría ofrecer una explicación convincente a sus familiares sobre su desaparición, además no tendría que mentir mucho, lo importante justificar su desaparición mediante alguna clase de accidente que resultará plausible y fácil de explicar
Pero tal vez no fuera necesario inventar nada, y bastara con decir la verdad aderezándola con alguna mentira bien urdida, después de todo aquella nube se había tragado a Casandra, eso era un  hecho evidente, lo inconsistencia estaba en presumir  en que parte del cosmos cercano estaría su cuerpo, si acaso esas personas llegaran a pedírselo.


viernes, 17 de enero de 2020

7.Y CASANDRA INVOCO A SU GUARDIAN


El Innombrable tuvo la impresión de que  estaba llegando el momento de rematar a su víctima para nutrirse con  la esencia de todos sus miedos, una vez que diera cuenta de Casandra seguiría con su periplo, y se dedicaría a destruir las mentes de los restantes pacientes del doctor Syford.

 Era tan simple segar la vida de Casandra, la había sometido a toda una gama de terrores virtuales para preparar aquel cuerpo para su ulterior sacrificio, bastaba con ordenarle al Guerrero de la Espada Sierra que asestara el golpe final con la tremolante espada que sostenían sus manos para finiquitar el sufrimiento de la pintora loca.
Pero el Innombrable quería prolongar el padecimiento de Casandra un poco más, la necesitaba viva para abordar la mente de su víctima por completo, no a través de las artimañas que le habían servido para sembrar la angustia y el caos   dentro de ella, sino de un modo distinto, precisaba una perspectiva más completa de aquella vida que estaba a punto de ultimar.
Casandra casi estaba en estado de shock ante la perspectiva de terminar sus días descuartizada de la manera más dolorosa y salvaje por aquella terrorífica espada cuyos dientes chirriaban espantosamente mientras circulaban de alrededor de la hoja una y otra vez, sin solución de continuidad; precisamente aquella condición la hacía que su mente fuese mucho más  permeable a toda clase de intrusiones.
El Innombrable estudió la faz estupefacta de Casandra , como buscando la mejor senda para acceder a su mente,  aprovechando el desconcierto de la fémina que  seguía contemplándolo como si fuese alguna especie de monstruo nacido al Otro Lado del universo.
Entonces la mente de Casandra se abrió como el botón de una flor para la inspección del Innombrable, e irrumpió a través de ella examinando sus recuerdos uno a uno con suma fruición, pues era consciente de que Casandra no estaba en condiciones de bloquear su intrusión de ninguna manera, y que debería dejarle hacer, de ese modo ambos recorrerían  la senda del recuerdo, juntos y en la misma dirección aunque para Casandra no fuera precisamente muy grato en compañía de una entidad invasiva.
Los recuerdos se arremolinaron  como una multitud apiñada en un espacio demasiado breve  en el cual el Innombrable pasaba revista, descartando los que le parecían triviales, intrascendentes, y solo recuperando los que despertaran inquietud en aquella mente cautiva.
Uno a uno los fue poniendo en fila, como si se dispusiera a editarlos para hacer un film con ellas, era arduo  organizar el caos pero podía hacerlo, pues el tiempo corría con lentitud para ambos, cual un breve efluvio de eternidad; pero el Innombrable tenía  paciencia, y sabía demostrarla.
Y ante el ojo del Innombrable apareció la imagen un hombre de edad en calzoncillos cargando a una fémina totalmente desnuda y mucho menor que él, la chica parecía inconsciente y era objeto de los besos que el viejo le prodigaba cada vez que se detenía, no tanto para recuperar fuerzas, sino para solazarse con la contemplación de aquel cuerpo dormido que pronto haría suyo sobre la cama que era su próximo destino.
El viejo estaba contento, y silbaba una canción de esas que estaban de moda en su juventud, mientras arrojaba el cuerpo inconsciente de Casandra encima de la cama, mientras le acomodaba las piernas de tal modo que le resultara sencillo iniciar el proceso de la penetración; hecho esto se despojó de la prenda que ocultaba su erección, y empezó a acercarse, mientras sus manos propinaban unas suaves bofetadas sobre el rostro de su hija, buscando reanimarla para que así pudiera sentir como  su miembro viril  ingresaba dentro de ella.
El truco dio resultado  y Casandra abrió los ojos viendo la cara de su padre sobre su propia faz. Era un rostro redondo, como la luna llena, casi calvo, y lleno de arrugas, cuyos diminutos ojos  contrastaban con las grandes orejas que le sobresalían de los costados de la cabeza, como podrían hacerlo los cuernos de la frente de un demonio.
 Entonces ella sintió todo el peso de aquel cuerpo  malformado y clamó como una posesa, mientras intentaba apartar de si esa mole de carne  anciana que le estaba viniendo encima, pero todo su esfuerzo resultó estéril.
Nadie podría oírla porque estaba a solas con un viejo pervertido y loco, que para más inri era su propio padre.
Y el viejo la acometió una y otra vez hasta correrse dentro de la mujer que lo tenía babeando de deseo desde el momento en que empezó a serlo.
Casandra se sintió sucia y llena de remordimientos, mientras su padre usaba su cuerpo para arribar al éxtasis, su mente se llenó de odio hacia el hombre que acababa de ultrajarla de ese modo, y deseó su muerte.
Una sustancia densa y oscura, parecida al humo empezó a arremolinarse detrás  del cuerpo del anciano que continuaba tendido sobre el cuerpo de su hija, entregado al apasionante quehacer de chuparle los pezones, mientras sus manos continuaban acariciándole el vientre y las caderas.
Poco a poco, el humo fue adoptando una forma claramente humanoide a los ojos de Casandra que era la única que podía verlo, el sexo de la criatura resultaba impreciso de determinar, pues se cubría el rostro con una cogulla que solo dejaba al descubierto los ojos. Detrás de su cabeza sobresalía el mango de una espada encajada en un carcaj, invisible para un espectador que estuviera de frente.
Al verlo, Casandra  sintió llegada la hora de la venganza, y le hizo una seña con la cabeza para que procediera a desenvainarla.
El ninja obedeció, y desnudó su arma con presteza;  el chirriante  sonido del metal captó la atención del padre de Casandra, y se dio la media vuelta para indagar qué estaba pasando a sus espaldas.
No pudo averiguar mucho, pues la espada del ninja lo tasajeo sin misericordia, antes de descuartizarlo, y dejarlo reducido a un torso ensangrentado, cuyos miembros yacían desperdigados alrededor del lecho donde Casandra contempló sin pestañear la obra homicida de su ninja protector.
En eso estaba, cuando su madre ingresó al cuarto, y la encontró inmersa en la tarea de apilar, uno encima de otro, las amputadas extremidades de su progenitor, para luego desordenarlas y volver a comenzar de nuevo, como si de un rompecabezas se tratase.
 Ante los ojos de su madre, o de cualquiera  que la hubiera visto ejecutando esta macabra tarea Casandra habría sido calificada como “loca”, por esa razón estaba donde estaba, ocupando aquella estancia en el sanatorio selenita del doctor Syford.
 El Innombrable absorbió el recuerdo, y comprendió, de inmediato, que Casandra escondía una naturaleza dual y peligrosa que podía comprometer  el triunfo que estaba a punto de lograr.


6.Y CASANDRA SINTIO LA SOMBRA DE LA MUERTE




Casandra  abrió la boca y profirió un prolongado alarido de terror  que habría llamado la atención de unos solícitos vecinos, o de cualquier transeúnte, si las reglas del doctor Syford hubieran permitido la presencia de tales individuos en las inmediaciones del sanatorio selenita.

Pero Casandra no había pensado en nada de eso cuando empezó a gritar, su intención era distinta, y apuntaba a liberarse de la tensión que la estaba agobiando.
No sabía cuánto podría soportar la situación presente, pero tenía claro que estaba en sus manos hacer algo contra aquella insidiosa criatura globular que parecía disfrutar las sucesivas crisis de pánico que le estaba provocando.
O tal vez creyó que la potencia de sus gritos conseguiría debilitar el  nuevo ataque que el Innombrable había lanzado contra su mente.
Pero si esa era su intención no acertó en su propósito,   pues aquella especie de “ojo” dotado de la facultad de levitar, ni siquiera se inmutó; más bien enfocó contra ella el diminuto orificio oscuro, ubicado en su centro, el cual se dilataba o contraía a voluntad, como si estuviera absorbiendo energía del entorno.
Casandra quedó estremecida ante el influjo de ese poder, pero todavía no estaba inerme ante él, era una lucha mente a mente comparable a una de esas ordalías que eran capaces de definir el curso de una batalla.  Y estaba decidida a luchar mientras estuviera ilesa, y  le quedara un ápice de voluntad para hacerlo.
Sus manos estaban iracundas, deseosas de causar daño, y a eso se abocaron. Tenía claro que no podía abatir a manotazos a la criatura globular, es más imaginó que sería más placentero atrapar aquella cosa con sus manos para comprimirla entre sus palmas y convertirla en un amasijo de carne y sangre.
Sería un triunfo magnifico, pero desgraciadamente jamás saldría del ámbito de su  imaginación, aunque  resultaría un buen tema para hacer un dibujo sí conseguía salir de esta pesadilla.
 El Innombrable era demasiado poderoso para enfrentarlo solo con la furia contenida en sus puños desnudos, pero lo que si podía hacer era atentar contra aquel dibujo contenido en el libro que su antagonista había conseguido infiltrar en su biblioteca.
Por eso arrancó la hoja del libro donde estaba insertada, y la deshizo en menudos pedazos que cayeron como una lluvia de confeti  sobre el aséptico suelo de aquel recinto.
De pronto, se sintió un poco cansada por el esfuerzo que había hecho y sus gritos cesaron abruptamente, en ese instante Casandra entrecerró sus ojos y ensayó un nuevo intento por echar fuera de su campo visual aquella horrible cosa de aspecto esférico, pero sus párpados ya le pesaban tanto que no pudo evitar cerrarlos por completo.
Y el sueño se apoderó de su cuerpo, sembrando en la oscura noche de su mente imágenes nuevas, insospechadas, que resonaban como ecos de un mundo perdido,  que inexplicablemente habían vuelto a aflorar.
Se encontraba sentada ante una enorme biblioteca que se extendía por las cuatro paredes del recinto, ella se encontraba en medio de estos anaqueles, sentada en un sillón giratorio que no cesaba de dar vueltas, aunque a una velocidad moderada para que sus ojos tuvieran tiempo de examinar los títulos de los textos que contenía cada uno de aquellos anaqueles.
Para facilitar el proceso, las filas de libros iban descendiendo de los anaqueles superiores hacia los inferiores y así sucesivamente por efecto de la gravedad Aquel trasiego  solo se detendría cuando los ojos de Casandra determinaran que libro debería ser extraído de la biblioteca para que ella empezara a leerlo.
De ese modo cientos, o quizás miles de libros descendieron de arriba hacia abajo para terminar en el fondo de alguna olvidada catacumba, y no tanto porque Casandra estuviera indecisa, sino porque el Innombrable no deseaba que leyese cualquier cosa, sino algo que él había preparado específicamente para ella, pero dejando de lado la naturaleza del texto, Casandra sabría cuando esto tendría que ocurrir pues  en algún momento los libros cesarían de caer, y la silla que ocupaba terminaría deteniéndose.
De pronto, un destello luminoso se desprendió de uno de los libros que se encontraba en curso de descender ; y Casandra comprendió que por medio de esa señal el Innombrable quería indicarle que ese era el libro que debía leer.
 Casandra posó su mirada sobre el lomo del libro así iluminado, haciendo que éste se apartase del resto para descender planeando y con las tapas abiertas rumbo a sus manos, cuando tuvo aquellas páginas ante sus ojos, estos pusieron a leer los párrafos ahí impresos a un ritmo inaudito, absorbiendo la información con una avidez que en el fondo no sentía.
De ese modo, Casandra  leyó la descripción  de un asesino que anunciaba a su víctima que la mataría por medio de un relato que necesariamente tenía que leerse hasta su conclusión para que esto ocurriera.
Casandra estaba haciéndolo, avanzando inexorablemente hacia el final, sin que sus ojos pudieran detenerse porque eso estaba fuera de su voluntad. El proceso se había desencadenado, y no cabía retroceso posible; así las palabras fueron trocándose en imágenes, las cuales irrumpieron en su mente para transformarse en sensaciones, una cadena de concepto, imagen y acción que solo podía desembocar en un océano de puro dolor.
En ese instante, su instinto la indujo a abrir los ojos, quizá de manera inconsciente, en un intento por interrumpir aquella cadena de ardiente sufrimiento; por desgracia la artimaña no surtió efecto, y se topó cara a cara con una realidad ciertamente abominable.
Ante ella se encontraba el asesino cuya descripción había leído antes; se trataba de un humanoide envuelto  de la cabeza a los pies con una armadura hecha a base de placas flexibles de color esmeralda; cuyos ojos parecían un par de rubíes ávidos  de sangre, por efecto del color de los cristales que cubrían las mirillas del yelmo que cubría su faz por entero. No tenía idea de cómo había conseguido infiltrarse, si era un holograma o una emanación psicoplástica procedente del criatura globular que había invadido su espacio, aunque a la larga eso importaba poco, porque la amenaza que se cernía sobre su integridad era plenamente real.
Pero Casandra prestó más atención al zumbido de la espada sierra que el asesino blandía y cuya empuñadura sujetaba con ambas manos dispuesto a asestarle el mandoble que podría partirla en dos acabando realmente con su vida, apagando de golpe su capacidad para plasmar realidades más allá de los miedos que le estaban haciendo sentir.
Y el sonido proveniente de aquella cadena dentada la estremeció para beneplácito del Innombrable que la estaba atormentando.

4.Y CASANDRA PERDIO UN OJO DE LA CARA.



Casandra profirió un alarido de pavor cuando su dibujo estuvo terminado, aunque lo plasmado en el papel solo fuera un reflejo de una acción que continuaba ocurriendo en su mente como la escena de una película de terror todavía inconclusa, y por ende vigente.
El papel solo recogía un momento doloroso, el residuo de una tortura tremenda que deseaba cancelar, porque Casandra sentía como el filo de la tijera mordía su carne, y trituraba el hueso hasta partirlo en dos como un frágil palillo de madera. La sangre y el dolor estaban juntas, como una ecuación maldita que no quería abandonarla mientras estuviera dentro de aquel recinto cuyas paredes estaban cubiertas con hojas de periódicos atrasados pegados por aquí y por allá. Las grandes letras de los viejos titulares formaban frases entrecruzadas al azar que podían tomarse como conjuros lanzados al viento durante un aquelarre de brujas.
Y por la mente de Casandra se cruzo la idea de murmurar alguno de ellos para librarse de la tenaza que la estaba haciendo sufrir, pero eso no formaba parte de su voluntad precisamente. Eso quedaba al capricho de la voluntad que hacía que su mente produjera tales visiones tan solo para deleitarse con su miedo.
Pero lo peor de todo era que solo aquello—que todavía no podía nombrar—tenia la potestad para regular el dolor que estaba sintiendo, estaba sometida al capricho del Innombrable que manejaba las dosis de miedo que estaba recibiendo, podía confiar en que el Innombrable se rigiera por emociones parecidas a las humanas, y que por ende, el aburrimiento le hiciera mella para que la dejara en paz, sin embargo esto no ocurriría tan pronto.
Entonces la visión de la sangre y los dedos cortados abandonó su mente, y el papel donde la había dibujado se convirtió en polvo.
Casandra dejó de gritar, un breve interludio de paz ocupo su mente,y se sintió libre de arrojar su tablero de dibujo al suelo como si aquel instrumento fuera parte de la tortura a la que estaba siendo sometida.
Pero aquella transición duro poco, el Innombrable la quería sufriendo y plasmando ese dolor sobre aquellas hojas en blanco que reclamaban ser ocupadas.
Y otra vez sintió ganas de dibujar para dar salida a la visión que el Innombrable le estaba enviando desde alguna dimensión extraña y oculta para los sentidos, pero antes tenía que sentir en carne propia lo que el Innombrable depositaba en su mente.
 Como por arte de magia, el tablero de dibujo volvió a su regazo, y el lápiz a su mano.
De pronto sintió como una una especie de pinza dotada de garras se metía dentro de la órbita de su ojo derecho, el instrumento invasor cortó con suma destreza todos los nervios que vinculaban el globo ocular con la cavidad donde estaba inserto, luego las garras se cerraron sobre el globo cautivo para extraerlo de un tirón hacia el exterior, en medio de una catarata de sangre que tiño sus mejillas de rojo.
El horrible hueco que le quedó en la cara exigía ser ocultado y el Innombrable proveyó del adminiculo necesario para cubrir ese vano sangrante.
Casandra percibió todo esto como si estuviera ocurriendo , la cosa era plasmar una versión de todo eso que resumiera el horror de aquella pérdida a través de una imagen precisa, rotunda.
Y el papel recibió la imagen de una mujer parecida a ella, pero no ella misma sosteniendo un globo ocular recién arrancado como si fuera una especie de péndulo que estaba descendiendo lentamente sobre la misma taza que antes había sido recipiente de su sangre y sus dedos.

2.Y CASANDRA EXTRAVIO SU BOCA


Las visiones de este relato están inspirados en dibujos  hechos por  la artista peruana Judith Vergara García.
Cuando Casandra se pintó sin cabeza disipó su miedo a esta forma de muerte, su cabeza yerta sobre aquel lago de sangre inundando el plato, le proporcionó alivio, y una sensación de paz que no duro mucho.
Pero el miedo siguió presente, expectante e invasor, dueño de todos los espacios de su mente.
Las imágenes se sucedían a mansalva, como relámpagos en un cielo tormentoso que solo Casandra podía vislumbrar, pero ese miedo también poseía el encanto  de la seducción y arrojaba tales visiones sobre su  mente  como una cornucopia repleta de tesoros extraños.
Y vió como dos mujeres desnudas y gemelas, intentaban estrangular a otra, situada entre ambas, con una cuerda que sostenían con firmeza, y cuyo dogal  rodeaba el cuello de una tercera, también desnuda. Las asesinas  tenían la misma expresión de éxtasis , de aquellas que cometen un crimen como si fuese una obra de arte, pues a la victima le daba lo mismo seguir viviendo.Curiosamente las tres estaban maquilladas como para ir a una fiesta gótica.
Y vió a una mujer sentada, también joven,  mirándola con expresión de perplejidad, mientras se mano izquierda se tapaba la mitad de la cara como si quisiera ocultar alguna deformidad. Sus largos cabellos descendían a modo de cortinas sobre sus breves senos, pero sin cubrir nada más, dejando saber que la chica estaba tan desnuda como las féminas de la otra visión. Tenía las piernas abiertas y extendidas como si fuera recibir el sexo de un varón en su cavidad intima, aunque ésta tuviera el aspecto de una boca con labios ¿ Habría dientes adentro?
Las visiones se detuvieron , pues  Casandra no necesitaba abrumarse más porque ya sabía como debería plasmar ese miedo que las visiones le habían revelado, 
Entonces cogió su lápiz, y se puso a dibujar,  en cuestión de minutos el papel recogió su propia visión tenebrosa..
Y Casandra dibujo a una mujer parecida a ella, pero no ella misma, La fémina era dueña de una mirada perpleja, pero su cabello era corto, y revelaba los hombros desnudos, y los piercing que atravesaban sus pezones, pero lo raro no estaba en ahí, lo que desquiciaba era que  toda la parte inferior de su cara, desde la nariz hasta el mentón aparecía sellada por una piel tan inmaculada, que podría decirse que jamás la naturaleza hubiera pensado en usar para diseñar los labios de una boca.

Bristol en la Batalla de Chulmleigh.

    1-Anhelo de muerte.   George Rogers quería matar soldados ingleses.   Era un deseo primitivo y bestial, era como si hubiera nacido odi...