sábado, 18 de julio de 2020

EL CRUCIFICADO DE EASTCHURCH ( una crónica de Samuel Orgill)


El sol se pone sobre las solitarias llanuras que se extienden más allá de la tierra apisonada que identifica en los mapas la sinuosa pista del aeródromo de Eastchurch, en medio de aquella campiña a medias salvaje de esta pequeña isla británica, se aprecia de unos cuantos hombres que visten el uniforme de faena del ejército del Kaiser: los soldados se ocupan en una tarea que parece más propia del quehacer de un circo que de la rutina militar, pues conducen dócilmente hacia sus jaulas a unos seres quiméricos que parecen extraídos de una mitología perturbada por la intromisión de un demente. Las criaturas parecen obedecer una transmisión que emana de una caja dotada de un teclado, y no oponen la resistencia que cabría suponer en seres de un aspecto tan bestial.

 Mientras tanto la penumbra va creciendo a pasos agigantados conforme el astro rey desaparece en el horizonte del mismo modo en que una moneda se hunde en la ranura de una máquina tragaperras. De ese modo las sombras de la noche principian su temporal reinado sobre esta tierra que hoy extraña la presencia de la luna sobre el firmamento nocturno.

Pero antes que la oscuridad se apropie por un rato de esta isla, quiero hablarles un poco del solitario crucificado que hoy ha dejado su vida colgado de una cruz hecha de cualquier manera. Una proterva letra T hecha de madera erigida justo a la orilla de la pista como si fuera una especie de espantapájaros cuya presencia sirviera para recordar a los pilotos de las aeronaves que despegaran de Eastchurch que la muerte los estaba esperando allá en el cielo al que estaban acudiendo para guerrear y destruir a sus prójimos.

Ese crucificado es nada menos que Sir George Summerscale, el héroe destruyó la primera incursión de la Luftstreitkrafte sobre Inglaterra, lo cual no resulto del todo bien pues las bombas que se desprendieron de los destruidos triplanos terminaron contaminando el sureste de Inglaterra, preparando el terreno para una subrepticia invasión germana, que el antiguo héroe no fue capaz de rechazar cuando luchó contra las huestes de Stiglitz allá en los túneles que dan hacia los blancos acantilados de Dover.

 Ayer fracasó su último intento para reivindicarse ante sus compatriotas (que son los míos también), y por eso me doy la tarea de historiar su triste final a manos de los subordinados del coronel alemán que me ha encargado esta crónica para que, una vez traducida, sea publicada en Berlín, para mayor gloria suya y del Reich al que representa en estas comarcas. Ahora aporreó las teclas de mi máquina de escribir, y ante la mustia luz de un candelabro situado convenientemente voy llenando de letras el papel.

… Sir George salió de entre las ruinas de su biplano como un muerto lo haría del interior de su tumba, si esta imagen tan querida para los románticos y los autores de ficción terrorífica fuera posible en este mundo donde el hombre ha podido conquistar el aire con máquinas más pesadas que el aire, como la que tripulaba el antiguo héroe de los tabloides de la City, el cual resultó derribado por la fuerza de una criatura horrible que parece un cruce entre hombre, batracio y pulpo, y cuya mera visión perturba mi pensamiento ante la posibilidad de que la mencionada bestia tenga su origen en un efecto colateral de esa capacidad científica orientada a la destrucción del prójimo.

El baronet gira su cabeza y contempla la calamitosa condición en la que ha quedado la portentosa máquina con la que pretendía conquistar la gloria. La hélice muerta de su biplano ha salido despedida como una maldita cuchilla giratoria apenas la máquina tocó el suelo, y que en su mortal vuelo acabó seccionando las réprobas cabezas de un par de bestias los suficientemente desdichadas como para ponerse justo en el camino de aquella cosa asesina que por suerte no mato a nadie plenamente humano antes de estrellarse contra una colina que terminó absorbiendo toda la potencia cinética de la hélice de cuatro palas del extinto avión inglés.

En el interín, sir George ha desenfundado un revolver Webley y se lo ha colocado en la sien, parece que el noble héroe de los tabloides londinenses está decidido a morir por obra su propia mano, y que ninguna fuerza humana podrá impedir que ese hombre orgulloso se vaya de este mundo sin pasar por la humillación de ser capturado por los soldados del oberst Stiglitz, Su dedo está puesto sobre el gatillo, y en su rostro se puede leer toda esa gama de emociones contrapuestas que se perciben en quien está a punto de aplicarse la pena de muerte, pero un tentáculo se extiende más rápido que un rayo y se enrolla en torno a la muñeca del candidato a suicida, y tira de él con una fuerza sobrehumana que hace que Sir George abra la mano y suelte el Webley que le ahorraría todo lo que le iba a pasar luego, si es que el tentáculo le hubiera permitido darse muerte.

El tentáculo arrastró el cuerpo del baronet a través de la pista del aeródromo, desgarrando su uniforme de piloto y maltratando su cuerpo y su rostro sin piedad, como si estuviese cobrando venganza por la cruenta y reciente muerte de sus congéneres. La violenta escena se me representó en la mente como un parangón de la humillación que el cuerpo de Héctor sufrió atado al carro de Aquiles después de haber sido asesinado por el hijo de Peleo ante las murallas de Troya. Pero sir George no está frente a ninguna ciudad heroica ni nada de eso, los testigos de su humillación son rudos soldados de infantería, ulanos montados que miran la escena con la indiferencia pues están acostumbrados a la violencia, y los ojos de la bestia cuyo tentáculo lo zarandea como si fuera una especie de juguete en manos de un niño caprichoso y algo cruel.

De repente el brazo carnoso de la bestia suelta el cuerpo del infeliz baronet pues ahora no hay peligro de que atente contra su vida, pues el Webley se encuentra lejos de su alcance, pero el oberst no se confía y manda a un ulano para que le abra la boca a la fuerza,  y revise si el inglés no tiene alguna capsula de cianuro escondida entre los dientes. La revisión me recuerda el procedimiento que usaban los dueños de esclavos para estimar el valor de una pieza de ébano allá en las plantaciones del Brasil, cuando imperaba la esclavitud en los tiempos del emperador don Pedro.

El examen no revela la presencia de nada raro o postizo en las encías del prisionero, y el ulano se aleja pues ya su trabajo está hecho y el oberst ya está enterado del resultado de la pesquisa, acto seguido ordena colocarle una camisa de fuerza al susodicho, y dos fornidos soldados de infantería se avienen a ejecutar la tarea lo mejor que pueden, ante la manifiesta resistencia del baronet que intenta defenderse evitarlo con empellones y patadas, aunque sus esfuerzos resultan totalmente vanos, y resulta avasallado por la fuerza que despliegan aquellos gorilas uniformados.

La obra de sus subordinados complace al oberst, y ahora siente que es su turno de intervenir, y se acerca al prisionero con aire resuelto, mientras se acerca desenfunda su Luger P08 semiautomática, en ese momento creemos que se encuentra poseído por una furia homicida que quiere cebarse en el ahora indefenso baronet inglés que se muestra extrañamente apático, y sin interés por lo que pueda pasarle. o tal vez se encuentra fingiendo indiferencia ante la adversidad que lo está envolviendo como la prenda que constriñe el accionar de su cuerpo.

El oberst acerca el cañón de su Luger a la cara del baronet, y recorre su fisonomía con fruición, como si fuera la punta de un lápiz plasmando un dibujo sobre un papel en blanco, pero el delgado cañón de la semiautomática no es precisamente eso, sino un instrumento de la muerte que se regocija con el miedo de su víctima. Ríos de sudor descienden de las sienes del aristócrata guerrero, en clara señal de que no es inmune al temor que produce tener tan cerca de su rostro un arma tan potente como la afamada Luger fabricada por la Deutsche Waffen und Munitionsfabriken.

Sin embargo, el oberst Stiglitz no tiene intención de matarlo, más bien vuelve a enfundar la Luger, y ordena a los soldados que aten al baronet al poste que sostiene la veleta que nos sirve para averiguar la dirección del viento. Los subordinados despojan al baronet de la camisa de fuerza y lo dejan con el torso desnudo, expuesto a las frías miradas de los circunstantes, también se les quitan las botas para hacer mayor su humillación

El cuerpo del baronet tiembla, pero no creo que un hombre acostumbrado a la acción le tema al peligro, más bien le atribuyo eso al frio imperante en el ambiente, y a la falta de una prenda que lo proteja de la intemperie. El oberst se planta frente al rostro del amarrado, sus manos sostienen algo que parece una especie de piano en miniatura, y sus dedos empiezan a pulsar una y otra tecla, aparentemente al azar o tal vez con un orden y concierto imperceptible para los que asistimos a la escena.

El rostro de sir George permanece tan impasible como el de cualquiera, mientras el oberst ejecuta su concierto silencioso. De repente, los ojos del baronet cambian de expresión, y un grito de dolor sale de su boca cuando un correoso tentáculo se estrella contra su espalda a modo de azote, para alejarse y volver conforme el oberst va pulsando una tecla y otra tecla.

Veinte golpes son suficientes para lacerar la espalda del baronet, la bestia que los propinó esta vestida con una especie de hábito monacal que incluye una capucha que no deja ver sus rasgos inmundos, pero los tentáculos si son visibles, y la figura me recuerda mucho a una dibujada en el antiguo bestiario de Ulises Aldrovandi.

La cruz ya está dispuesta, los caballos de los ulanos la han arrastrado hasta donde se encuentra el cuerpo del sufriente, al parecer los golpes que le han propinado los tentáculos de la bestia han doblegado su orgullo por completo, y el cuerpo que los soldados colocan sobre la cruz es casi un cadáver el cual revela su condición de ser viviente cuando las puntas aceradas de las seitengewehr 98 ( bayonetas o cuchillos de carnicero como les dicen nuestros soldados) atraviesan  de un solo golpe las palmas del del baronet.

El hombre chilla, y se retuerce de dolor, mientras la sangre brota de las heridas recién abierta en sus palmas, sus atormentadores lo cogen de las piernas, le colocan los pies lado a lado y le atraviesan los empeines con la punta de las bayonetas. Los tentáculos de las bestias se encargan de elevar la cruz donde esta fijado el cuerpo del baronet a una posición vertical donde todos pueden ver como el héroe sufre e intenta soportar el inexorable proceso de sofocación que le espera.

Por un rato, los ulanos, los infantes, y los pocos presos que todavía no han regresado a sus confinamientos en las cárceles cercanas contemplan la efigie semidesnuda del baronet con los brazos extendidos como si estuviera clamando al cielo el fin de su sufrimiento constante. El oberst es consciente de todo eso, y afortunadamente también es un hombre práctico. Su Reich está en guerra y la misión que lo ha traído a Sheppey va más allá que infligirle dolor a un hombre ya vencido y humillado hasta el hartazgo. Además, es necesario empezar a armar los dirigibles que pronto partirán hacia Londres desde esta base capturada.

Por eso ordena a los ulanos que arrojen sus speere (lanzas) contra el cuerpo del crucificado. Los lanceros tienen buena puntería y pronto los pequeños banderines que adornan las puntas de aquellas armas flamean desde distintas posiciones del ya inerte torso del baronet. John Bull ha muerto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 19 de junio de 2020

LA REBELION DE LOS TOPOS

Esta interesante novela corta de tema futurista, fue escrita por Adam Surray ( seudónimo de José López García  escritor  gallego de nacimiento pero valenciano por adopción, nacido en La Coruña el 7 de mayo de 1943) y  vio la primera luz  en el marco de la colección La Conquista del Espacio, publicada por la Editorial Bruguera, distribuida en los quioscos de España y América Hispana entre 1971 y 1985. 


Se le asignó el número 633 de la colección, y una portada, que no guarda una relación directa con el tema de la obra, dibujada por el artista Miguel García. Tiene tapa flexible, y está impreso en el formato habitual en los bolsilibros , 15 x 10.5 cm u octavo mayor si se quiere ser más castizo con la denominación.



Vamos a dividir la reseña de este bolsilibro en diferentes secciones para que el lector de la misma se haga una idea fidedigna del mundo que va a visitar. En primer lugar presentaremos el contexto en el cual se desenvuelve la acción


Estamos en un mundo devastado por una catástrofe ecológica (aunque también se le achaca a la guerra un poco de responsabilidad por la penosa situación en la que ha quedado la superficie del planeta ) que ha obligado a que la buena parte de la población de las ciudades se refugie en el subsuelo para huir de la contaminación imperante en el exterior.


Pero si queremos definirlo con precisión bien vale servirse de lo que dice el protagonista de la novela, el apuesto treintañero Keenan Arnold, un ingeniero de video sonido, justo en el primer capítulo de la obra: « Se rompió el equilibrio de la biosfera  y todo se fue al diablo. El hombre obligado a retornar a las cavernas. A vivir en ciudades subterráneas»


El régimen que gobiernas esas comunidades enclavadas en el subsuelo se hace llamar la Autocracia, y ha prometido que a sus ciudadanos que esa clase de vida será temporal, y que el retorno a la superficie se hará efectivo pasado medio siglo de la catástrofe antes dicha, pero en vez de eso traiciona su palabra e «incrementa los impuestos, obliga a una mayor jornada laboral , pide sacrificios a la población. Dedican parte del presupuesto a la fabricación de armas para dominar al pueblo, y solo están acondicionando ciudades en el exterior para albergar a unos pocos»  nos dice Gladys Gillys, bella veinteañera y convencida activista de Los Libertadores, una organización clandestina que busca la vuelta a la superficie de los habitantes de las ciudades subterráneas, y que han surgido a consecuencia de aquella promesa  incumplida por el régimen de unos  futuristas  Estados Unidos recreados debajo de la tierra.


Los Libertadores presumen que la Autocracia no pretende la vuelta de toda la ciudadanía a la superficie, sino tan sólo el retorno de un grupo selecto, y por tal motivo buscan realizar una incursión en el exterior para  demostrar la salubridad del mismo, y al mismo tiempo llamar la atención de la población enclaustrada sobre tal hecho   mediante una emisión televisiva.

La rebelión de los topos nos ofrece el retrato de un mundo súper tecnificado en el cual existen ciudades cupuladas preparadas para resistir las inclemencias del subsuelo, pero no sólo hacen eso, van mucho más lejos pues dentro de aquellas cúpulas prospera una tecnología modernísima. Disfrutan en casa de  television y video visores, y fuera de ella de  automóviles turbopropulsados, y una compleja red de carreteras urbanas que se vale de túneles y plataformas de descenso para aliviar el tráfico durante las horas punta.


Esas carreteras están repletas de buses-plataforma y por  los túneles corren veloces  turbo trenes. Asimismo la llamada Autocracia equipa a sus agentes con armas potentes capaces de poner raya a la violencia doméstica encarnada en las bandas de gamberros juveniles como las Ratas Negras o los Hermanos del Averno. Y esas armas son los revólveres multifuego, los tubos lanza gases o los rifles con bocacha los cuales otorgan mayor precisión al proyectil cuando abandona el cañón.


Incluso este mundo enclaustrado se da el lujo de desarrollar un modernísimo vehículo  denominado Kapt-SMV, el mismo que posee la capacidad de transportar un dispositivo que puede desplazar las moléculas de la materia, eficaz a la hora de perforar la tierra y abrir túneles,  además de producir planeadores aptos para el vuelo en el cielo de aquella superficie tan temida y anhelada al mismo tiempo para los personajes de esta novela corta.


La novela comienza con una escena de flirteo entre el joven ingeniero de video sonido Keenan Arnold ( el cual asumirá el protagonismo de la novela) y Gladys Gillis, una joven y vehemente activista de Los Libertadores. Si bien ambos jóvenes se profesan una mutua simpatía que todavía no llega al amor, la razón de su acercamiento no ha tenido un sustrato plenamente romántico, pues Gladys pretendía convertir a Arnold en un prosélito más de su movimiento libertad, pero no consigue nada pues el joven ingeniero está más que contento del estado de cosas en el cual ha vivido toda su vida. Es más Arnold se burla del acicate romántico que impele las ganas de ver el exterior de la joven libertaria. Gladys quiere sentir en su piel «las caricias del sol, ver el cielo azul y el parpadear de las estrellas» cosas que la nena ha visto en cintas de video que rememoran el pasado del planeta antes de la catástrofe, y lo contrapone con los logros concretos de la civilización subterránea, los cuales son visibles a simple vista para un ciudadano de a pie.

« Habitamos en ciudades maravillosas , modernos jardines, parques, fuentes, iluminación que en nada envidia a la del Astro Rey» En resumidas cuentas, no hay acuerdo alguno entre ambos y Gladys le confiesa que lo contactó para que emitiera una transmisión no autorizada anunciando a la población la atrevida que ella y sus jóvenes compañeros pretendían realizar. Arnold pretende disuadirla hablándole de la formidable tecnología que se ha dispuesto para evitar fugas. « Toda vía de esta super controlada por sofisticados mecanismos de seguridad, y una legión de polirrobots dificilmente sobornables. Aquello es un castillo inexpugnable, más de un imprudente ha perecido al aproximarse a zonas prohibidas que limitan con los bloques de seguridad de California Sub»


Gladys sale del apartamento de Arnold, y se pone a los mandos de su pequeño auto biplaza, y empieza a desplazarse hacia otro sector de California Sub, justo aquí el autor nos describe un momento de la agitada vida de aquella urbe « El tráfico era bastante intenso. Todos los servicios de plataforma y turbotren a rebosar. Plataformas, pasillos deslizantes y túneles móviles en pleno funcionamiento. Había terminado la jornada laboral» Como vemos la estampa no difiere mucho de la de cualquier ciudad moderna. 


Gladys acude a una cita con un grupo de jóvenes miembros de Los Libertadores que le acompañaran en su aventura en el exterior. Todos ellos están presentes menos uno, un tal Dany Ireland. el cual es sometido a tortura por Sean Crichton, un sádico oficial que pertenece al odiado Departamento de Control y Seguridad ( DCS), y termina revelando los planes de los osados jóvenes.. Con esta información el malvado Crichton  y sus agentes se presentan sorpresivamente en el apartamento donde se realiza la reunión. Como era de esperar los jóvenes oponen resistencia, lo que da pábulo a que Crichton les de muerte de una manera asaz cruel. « Surgió el fogonazo del arma empuñada por el oficial. El revólver multifuego accionado para su máxima capacidad destructiva. De ahí que el cuerpo de Karl Ritter quedara destrozado. Acusando el brutal impacto del multiproyectil explosivo. Cayó reventado, desmembrado, salpicando sangre y restos humanos todo el mueble»


El sangriento festín prosigue cuando Crichton vuelve a disparar su potente arma de fuego contra otro miembro de Los Libertadores, un muchacho llamado Ralph Benton el cual resulta también desmembrado por obra de otro proyectil de las mismas características. A continuación los esbirros de Crichton defenestran a una muchacha llamada Leila Ruston, mientras el susodicho aturde a Gladys con un golpe de su porra eléctrica , para luego violarla sin mayores miramientos.

«Gladys yacía inerte. Los ojos cerrados. Los labios fuertemente apretados. El rostro bañado en lágrimas por el dolor y la impotencia y la humillación. Los brazos en cruz, las piernas brutalmente abiertas»


Páginas después, Arnold recibe la visita de un par de agentes del DCS, una vez adentro los infames esbirros vestidos de negro le piden su cédula de identidad, como no la tiene van a buscarla hasta su dormitorio, y un agente la encuentra dentro de un cajón, pero eso no resulta suficiente, y los policías le piden que los acompañe. Arnold pregunta si irá en calidad de detenido, y eso da pie a una nueva exhibición de brutalidad policial.


«La súbita reacción de los dos policías sorprendió a Arnold. Uno de ellos le inmovilizó por los brazos permitiendo a su compañero descargar dos violentos puñetazos en el estómago de Arnold, quien cayó encorvado. Apenas entró en contacto con el suelo recibió un patadón en el vientre. Abrió desmesuradamente la boca falto de respiración»


Curiosamente la cédula de identidad que tanto maltrato le causó prueba, una vez ingresada, en el Ordenador Central que Arnold es un ciudadano modélico que responde las preguntas de Crichton sin inmutarse, dejando claro que su vínculo con la difunta  Gladys no ha llegado al extremo de conspirar contra la Autocracia. Y decimos difunta porque el susodicho es conducido a un vanguardista depósito de cadáveres para identificar el cuerpo de su idealista amiga.


«Se abrió la plancha cuadrangular de la pared y por el carril salió el ataúd. Un ataúd de vidrio transparente envuelto en gélido vaho. Arnold continuaba con los ojos fijos en el ataúd. Gladys Gillis ¡ Era Gladys! Aquel cuerpo apaleado, surcado de negruzcas señales. Su suave piel aparecía ahora atezada. Los muslos renegridos.»


Arnold estampa su firma en el documento que el malvado Crichton le extiende, dando fe del deceso de la infortunada Gladys, mientras aquel adalid de la justicia subterránea le informa sobre las violentas muertes que han sufrido los compañeros de Gladys como si intentase disuadir a Arnold de seguir el mismo camino, cosa que evidentemente no consigue, pues el joven ingeniero ahora empieza a identificarse poco a poco con los ideales de aquel grupo de jóvenes reprimido por la dura mano de DCS.


«Había estado ciego. Ajeno a todo. Indiferente.Enterrado en su cáscara de placeres y comodidades. Ignorando a cientos de Gladys que habían perecido bajo el despotismo de la DCS. Solo por defender una idea, por desear un mundo mejor»


Al rato, Arnold regresa a su apartamento y se encuentra con un inesperado comité de bienvenida, Barry Jansen, Guy Sutherland y Goldie Moore ( la cual sustituirá a la fallecida Gladys Gyllis como el interés romántico del protagonista), el cual acusa de traidor al joven ingeniero de videosonido. Sin embargo, una oportuna habilidad para la pelea pone las cosas a favor del acusado, el cual logra desarmar a los supuestos justicieros, y les cuenta la triste suerte que corrieron sus compañeros a manos del crudelísimo Sean Crichton, a pesar de eso Goldie no le cree e insiste en que sea ejecutado, para convencerla de lo contrario Arnold recurre a un acto ciertamente dramático:


«Keenan Arnold se aproximó a la muchacha. Arrojó a sus pies el revólver 

—Ya he terminado de hablar, Goldie ¿quieres mi muerte? ¡ Adelante! Mi delito no es de la traición, sino el del cobarde»


Goldie empuña el revólver pero no se siente capaz de disparar, y Arnold termina incorporándose a las filas de Los Libertadores. Lo reseñado hasta aquí equivale a la mitad del contenido de la misma, e invitó al lector interesado para que se anime por sí mismo a desentrañar los acontecimientos que se suceden a partir de aquí. 


Cómo se habrán dado cuenta el protagonista de la acción, es decir Keenan Arnold, es el personaje que más cambia conforme se van pasando las páginas de esta amena obra de evasión. Al principio se muestra tibio e indolente, pero las muertes ciertamente crueles que sufren Gladys y sus camaradas son suficientes para hacerlo cambiar de opinión, y dejar su cómoda posición de súbdito del régimen para convertirse en un activo opositor a la mendaz Autocracia que ni siquiera pretende una vuelta a la superficie, sino una emigración de su élite hacia otro planeta, abandonando la Tierra a las personas menos favorecidas de las ciudades subterráneas, y los bárbaros mutantes que pueblan la superficie, cosa que nuestro héroe descubre después de dar una vuelta por la superficie de un planeta renacido, pero bárbaro que Los Libertadores anhelan controlar de nuevo, como lo anuncia la voz del enérgico Arnold en unos de los párrafos finales de la novelette.


Como se trata de una novela corta el autor no tiene tiempo de echar un buen vistazo al régimen de la Autocracia, apenas se nos da el nombre de su presidente un tal Gene Shatner, más bien la mirada del autor pone el acento en la crueldad de la policía de aquel régimen, y resulta más que obvio que sus excesos sirvieron de mucho para que el protagonista tome partido por Los Libertadores.( ya habrá tomado nota el lector que el protagonismo de las escenas de crueldad explícita están protagonizadas por el oficial Sean Crichton)


Otra cosa que hay que resaltar de la obra es la cuota de «soft erotismo»  que despliega. En esta novela no hay ancianos, el personaje más viejo es Jonas Gielgud, un hombre de cuarenta años, líder de Los Libertadores, los demás son jóvenes,y las chicas por supuesto son hermosas y están vestidas de una manera super sexy como para calentar la imaginación del que lee, y para justificar la advertencia de SOLO MAYORES DE 18 AÑOS que aparece en la borde inferior de la portada ( no está de manos recordar que se vivían los tiempos del destape en España, hay que poner atención a que esta novela se publicó sólo ocho años después de la muerte de Franco)  Eso sí sin llegar a convertirse en el centro de todo como ocurre en las obras escritas por Joseph Berna, otro escritor de la escudería Bruguera y amigo personal de Adam Surray.


Me parece que esta obra, como las otras salidas de la pluma de este autor, se leen con rapidez y sin tropiezos. La trama fluye ante nuestros ojos de una manera realmente gráfica.Sus descripciones son cortas y precisas, y las cosas generalmente discurren en función a la trama, dejando poco espacio para las digresiones en los párrafos, aunque me parece que el libro no enteramente redondo debido a que los autores que escribían para Bruguera se hallaban tiranizados por la limitación de espacio que tenían estas obras, de las cuales tenían que entregar entre cuatro y seis al mes, según como estuviera redactado el contrato que tenían con la editorial del gato negro. Algo que se nota por el final algo apresurado que el autor le da a esta obra en particular.


Normalmente, los autores que entregaban originales a Bruguera no vinculaban las tramas de sus historias por decisión expresa de la editorial, o para decir en una palabra las obras tenían que ser autoconclusivas, pero en ocasiones ( y ésta es una de ellas) el autor se permitía transgredir esta prohibición haciendo guiños en alguna de sus obras anteriores en una que iban a entregar . Y precisamente esto sucede en «La rebelión de los topos», la cual comparte ciertas cosas en común con otra novelita del mismo autor titulada «Alí Babá y los cuarenta marcianos», las cuales mencionaremos para no dejar intrigados a los que lean esto: el mundo subterráneo, y la mención de un conflicto larvado con una superpotencia que no es otra que la vieja Europa.



















 


lunes, 15 de junio de 2020

EL ATAQUE DE LOS AVIONES SIN PILOTO.

1. Un invento novedoso llega a las manos de Sir George.


Soy George Summerscale y la opinión pública me considera el culpable de que nuestra isla (especialmente la parte oriental de la misma) haya conocido una invasión en regla casi ochocientos cincuenta años después del arribo de las huestes normandas a las playas de Sussex  con el duque Guillermo  a la cabeza. Esta vez el secuaz de otro Guillermo, que para colmo es nieto de nuestra amada y recordada reina Victoria   ha osado hollar con sus botas, y las patas de los horribles monstruos que lo siguen nuestra sagrada tierra cometiendo las tropelías propias de un bárbaro, que para nada sigue las prácticas de la guerra civilizada.



Sabemos que el infame coronel alemán que dirige esta osada expedición ha abandonado sus cuarteles generales en Dover , para instalar sus reales en la isla de Sheppey tal como alguna vez lo hicieron los holandeses. Dicha ínsula se encuentra en la desembocadura del Támesis y no demasiado distante de Londres, creo que no hace falta ser vidente ni zahorí para darse cuenta de que el súbdito de Guillermo está tramando un lanzar un ataque de bombardeo contra la City, no sabemos si con armas convencionales o aquellas terribles bombas que pude ver en acción en aquel campo de batalla sito en las fronteras orientales de Prusia. Como medida de precaución  la Royal Navy ha destruido  el puente ferroviario de Kingsferry que une la isla invadida con la costa oriental de Kent en previsión de una posible incursión terrestre del enemigo.


El caso es que la misma prensa que me ensalzó tanto hace algún tiempo atrás se ha encargado de fomentar una campaña de desprestigio hacia mi persona, presentándome como un inepto ante las masas que compran sus periódicos en los quioscos, semejante propaganda ha evitado que pueda reclutar nuevo personal que reemplace a los que dieron su vida por la patria en aquellos infames túneles donde las extrañas huestes que ese malhadado germano tiene a sus órdenes, pero si bien he perdido un poco el favor del hombre de la calle no ha ocurrido lo mismo con la gente creativa que siempre necesita de un banco de pruebas para demostrar la utilidad de sus invenciones.


Y precisamente gracias a la fértil inventiva de mister Sperry podré tomarme un sabroso desquite sobre la infame mezcla de hombres y bestias que han mellado el orgullo nacional. Gracias a su fantástico giroscopio y al generoso apoyo del Royal Flying Corps he conseguido que se me otorgue el control de una escuadrilla integra de cazas De Havilland con hélice tractora, los cuales me acompañaran en la misión sin necesidad de estar pilotados, los mismos serán los primeros aviones no tripulados que entrarán en acción, lo cual quiere decir que someteré la validez del concepto a su prueba de fuego y arriesgaré mi propia vida para demostrarlo.


Sin duda la innovación  de mister Sperry permitirá ahorrar vidas, aunque en contraparte  el control de toda la misión recaerá sobre mi persona, pero en vez de asumirlo como un trabajo hercúleo me parece que es la oportunidad perfecta para reivindicarme ante los ojos de la opinión pública y los altos mandos militares del Imperio Británico.


Los seis cazas que intervendrán en la operación son convertidos al estándar requerido por las especificaciones técnicas en su fábrica de origen, ahí se enlazaran las superficies de control de los mismos con una brújula y un giroscopio direccional  instalados en el tablero de mandos.Un computador analógico me permite supervisar el proceso simultáneo en todos los aviones que participarán en el ataque, sin excluir el tripulado por mi mismo. 


Mi rutina de entrenamiento consiste en trasladarme a diario al condado de Hendon,para practicar el ametrallamiento de objetivos situados en tierra en el aeródromo que la compañía fabricante posee ahí. Es necesario que me acostumbre a controlar seis aviones al mismo tiempo, y a sincronizar el disparo de las ametralladoras que montan en sus proas  para causar el máximo daño en los hangares y en los cuerpos de los rivales que prestan servicio ahí.


Poco a poco me voy adaptando a la enorme sensación de poderío que otorga manejar esos aparatos como si fueran partes de mi propio cuerpo, y la confianza en lograr el objetivo que me he impuesto aumenta cada vez más. Inglaterra volverá a tener fé en mi.


2- Contacto visual con el objetivo.


Vuelo a cinco mil metros de altitud, que es la máximo techo de servicio que estos cazas pueden alcanzar y no he hallado traza de ningún avión alemán. Eso fortalece mi ánimo y me indica que la incursión del vándalo germano tiene un carácter eminentemente táctico, y que no pretende más que conseguir objetivos puntuales que obviamente debo evitar. Ahora desciendo un poco, es momento de avistar el terreno. Los seis aviones a mi cargo obedecen dócilmente mi instrucción y se comportan con suma eficiencia. lo cual habla muy bien sobre la calidad del sistema y del mantenimiento que los técnicos de De Havilland le han dado antes de embarcarme en esta misión.

La isla es llana y no demasiado extensa, y se despliega  como una vasta llanura verde con pocos accidentes geográficos prominentes, por tal motivo no deberá ser dificultoso dar con los objetivos que debo batir, y más aún cuando sé a ciencia cierta  los alemanes no se han preocupado de ocultarlos mediante alguna elaborada operación de camuflaje. Tanta confianza en su buena estrella no es saludable en ningún comandante a cargo de una fuerza armada sea grande o pequeña, es más ni siquiera ha desplegado globos cautivos en torno al aeródromo para proteger la zona de potenciales ataques aéreos.


La verde continuidad que prosperaba ahí abajo se rompe de repente. La mano del hombre ha intervenido en la naturaleza y no para mejorarla. Unos grandes arcos metálicos se alzan sobre un terreno despojado de verdor, los reconozco claramente: serán las puertas de los hangares que acogerán a los dirigibles enemigos.


De golpe vislumbro el plan del vándalo, y eso me hace cobrar bríos necesarios para emprender el ataque que borrará del mapa a sus pretendidos ejecutantes..Mantengo mi caza en vuelo recto, pero acciono la palanca de mando común y ordenó  a  los aviones que componen al resto de la escuadrilla que desciendan al unísono para ametrallar en rasante todo lo que se ponga al alcance de las ametralladoras Lewis. Mi ira se traducirá en la muerte de los vándalos y sus secuaces bestiales, las ametralladoras abrirán fuego hasta que la munición se acabe y los cañones se recalienten, entonces será el momento de arrojar las bombas que complementarán la faena.


Abajo se desarrolla un espectáculo extraño, veo algo que parece una jaula, y mucha gente a su alrededor formada en filas como si fueran el público de algún extraño espectáculo, pero la estampa no se queda ahí, y mis ojos se topan por vez primera con las bestias que los germanos han llevado consigo. Son de color verde y parecen grandes sapos que van saltando hacia esa especie de gigantesca caja rectangular cuyo contenido desconozco, y  ahora no tengo tiempo de averiguar. Mi tarea es eliminar todo lo que se mueva y manifiesta hostilidad hacia mis gloriosos aeroplanos.


Mis aviones descienden, la tela que recubre las alas cruje por el esfuerzo, las balas empiezan a brotar de los cañones de las ametralladoras, y una oleada de pánico se esparce ahí abajo entre las personas que esa estructura cuadrangular; entonces todos gritan  y buscan refugio en cualquier parte, con ganas de esconderse de la amenaza recién bajada del cielo, es lógico que teman por su vida pues las balas disparadas a mansalva no respetan nacionalidad ni rango. Por tal motivo me veo obligado también a volar a baja altura para  comprobar los daños que se han ocasionado durante la misión.


Una bestia yace acribillada y pegada a los barrotes de la jaula, con la cabeza literalmente agujereada por los proyectiles, más allá vislumbro los cuerpos yacentes de unos cuantos hombres desnudos que también han caído víctimas de proyectiles hechos en Inglaterra, más allá los efectos de la carnicería también se hacen patentes en las bestias verdes de grandes fauces y largos tentáculos que también yacen despedazadas sobre la pista de aviación.


Las balas tienen una potencia destructiva muy grande, desde mi avión me doy cuenta de que me difícil controlar el ametrallamiento desde unas plataformas de ataque remotas y sin visores especiales para controlar el efecto de las andanadas. Veo a un soldado alemán que me apunta con su máuser y abre fuego sobre mí pero los nervios le hacen fallar el tiro y salgo ileso del ataque. El no tiene tanta suerte, y la ráfaga multifuego de otro  De Havilland lo acribilla haciendo que su cuerpo literalmente estalle en pedazos.


A pesar de la sorpresa, la resistencia de los alemanes es empecinada, no tienen ametralladoras pero los que siguen abriendo fuego contra mis aviones con sus fusiles de cerrojo, mientras que el oficial  que los comanda se sirve de una pequeña máquina dotada de un teclado que manipula nerviosamente  al parecer sin un objetivo claro.


De pronto una de aquellas  bestias extiende unos de sus asquerosos tentáculos y atrapa a uno de mis aviones como si fuera una mosca vagabunda. La fuerza del tentáculo entra en conflicto contra la potencia del motor, lo siento en mi propia carne. Mi avión ruge y quiere escapar, pero el vigoroso tentáculo no lo permite y lo oprime cada vez más hasta descoyuntar el aparato, y reducirlo a una pura ruina.


He perdido un avión, la munición se está agotando y esas bestias de largos brazos están demostrando para que sirven esas extensiones carnosas que les cuelgan como si fueran grandes látigos. ¿ Debo continuar el ametrallamiento o lanzar las bombas para provocar una destrucción mucho mayor?


Todavía quedan balas, y tengo ganas de vengar el avión que me han derribado de manera tan artera. Y esta vez yo mismo participaré con mi aparato en las pasadas de ataque. Los alemanes advierten que los aviones  retoman la ofensiva, y se parapetan detrás de la jaula donde habían encerrado a los hombres desnudos que asesine sin querer. El oficial que mencione antes vuelve a oprimir las teclas de su aparato con más énfasis y las bestias de brazos tentaculares vuelven sus cabezas hacia el cielo esperando mientras sus grandes ojos parecen bailotear dentro de sus cuencas.


He decidido encabezar el ataque y apunto mi ametralladora contra aquel oficial, ya no me cabe duda de que manipula una máquina capaz de manipular a esas horribles bestias verdes, Si lo mato conseguiré una victoria moral  sobre los alemanes que todavía resisten y restañare el honor inglés..


Las abominables bestias parecen disponerse también para la batalla y principian a desplegar sus pulsátiles extremidades. No me preocupo, he decidido que el resto de mi escuadrilla se ocupe de ellos.


Mi dedo casi está sobre el gatillo, la rafaga multifuego brotará pronto y libraré a Inglaterra del vándalo que ha osado invadirla, siento como el viento choca frontalmente contra mi cara semi descubierta mientras ruge a plena potencia y mi dedo ha liberado la furia de las balas, y esa cancion mortal  parece instalarme en la gloria, sin embargo algo detiene a mi máquina en mitad del aire.


Seis tentáculos verdes se han enlazado alrededor del fuselaje de mi De Havilland  y loa sacuden con fuerza fracturandolo  por todas partes, la cola, el motor y las alas se desprenden dejándome sentado en medio de una carlinga desde la cual ya no puede controlarse absolutamente nada. Los soldados tocados con  pickelhaubes se acercan blandiendo sus máuseres. Me he convertido en prisionero del tirano que vine a vencer.

































sábado, 30 de mayo de 2020

Metal Candente: mi primera reseña bolsilibresca.

Empezaremos por brindar datos concretos sobre esta obra, se trata de un bolsilibro de 96 páginas, en formato de 15 x 10.5  centímetros, dividido en once capítulos numerados a la romana, publicado por la Editorial española Bruguera en febrero de 1980 en el marco de la longeva colección de novela popular dedicada a la ciencia ficción  denominada " La Conquista del Espacio", la cual estuvo en activo entre 1972 y 1985. Y por esta vez la portada que le asignaron se corresponde con lo narrado. Son Cyrus y Galia, aunque la fabulosa desnudez de la chica aparezca discretamente velada por obra del dibujante.


La acción de esta novela corta  transcurre en una remotísima galaxia ( que forma parte de un Imperio Galáctico como sucede en tantas obras del género) en la cual ocurre una colosal hecatombe cósmica a raíz de la explosión de la estrella Delirium, aniquilando una civilización humanoide regida por una especie de teocracia( los llamados Señores de la Sabiduría) amiga de la magia y del esoterismo, lo cual contrasta un poco a cómo se puede concebir una cultura espacial estándar en un contexto de ciencia ficción más dura, lo cual no es el caso evidentemente.


A pesar del desastre el poder arcano de estos brujos sobrevive, de algún modo ( pues el autor no explica cómo ) en medio de estas ciudades extintas, verdadera ruinas hechas de "metal candente"( un detalle que recuerda la catástrofe y da título a esta  novela de a duro) 


Ya tenemos el escenario listo, y en este momento el autor va introduciendo poco a poco a los actores de su pequeño drama. En primera instancia trabamos conocimiento con Cyrus, un "obediente" androide asesino enviado desde Siderea   ( o la Superestrella de los Asesinos según la nomenclatura inventada por el autor para esta novela)  un lugar donde tiene su sede una empresa dedicada al sicariato intergaláctico, la cual recibe el nombre genérico de Los Exterminadores.


Por su parte, Cyrus es descrito como un humanoide de piel azul y cabeza rapada, una aparente "máquina de asesinar" que no lo será tanto conforme vayamos pasando páginas y acercándonos al final de este breve libro.


La víctima de Cyrus el Ejecutor es Icteo, un hombre dominado por las pasiones de la carne que está siendo perseguido por al androide antes mencionado porque el señor planetario de Tanek ha pagado una suma considerable para que sea eliminado del listado de los vivos, pues Icteo el causante del ultraje de la muerte de su hija Nemea, quien se siente tan humillada por el estupro que decide entregar su vida en el altar del dios Aarus a seguir con vida.


Ahora estamos en el Núcleo Solar Noventa y Dos, y la espacionave monoplaza de Icteo, el cual se encuentra en plena fuga, detecta en los confines del planeta Ecstasy  un "navío estelar de forma alargada, capaz acaso de para una tripulación de trescientos o cuatrocientos astronautas" para decirlo en palabras del mismo autor. Una vez a bordo el cariacontecido Ictus se encontrará con una terrible estampa de la muerte pues su vista se topa con "cuerpos sin vida por doquier, tal vez centenares, tal vez un millar de cuerpos humanos todos putrefactos, desecados por los milenios de olvido en el vacío".


Para su sorpresa, en medio de aquel cementerio de urnas transparentes da con una no ocupada por una momia sino por una bellísima mujer joven, platinada y desnuda por añadidura; semejante espectáculo despierta el aletargado deseo sexual y lo induce a liberar a la fémina de su largo sueño criogénico para llevarla consigo. Como era de esperar lo logra y también se entiende con la chica en su propio lenguaje pues la misma tiene la capacidad de comprender cualquier idioma ( un recurso muy usado en este tipo de ficción). Un detalle importante si no se quiere entorpecer la trama con malos entendidos entre los personajes.


Justo en este momento, el maestro Garland se saca otro prodigio de la mollera y le otorga a Galia, que así se llama esta belleza, la capacidad de “respirar”en el espacio sin necesidad de recurrir a equipo alguno. He aquí la explicación de semejante adelante en palabras de don Juan Gallardo Muñoz: “ ( Funcionan) como las branquias de los peces para extraer el oxígeno marino, nos injertaron unos diminutos adminiculos acoplados a nuestras vías respiratorias. Son capaces de emitir cantidades superconcentradas de oxígeno que se mezcla en el vacío para permitir la respiración normal durante un determinado espacio de tiempo.”


Luego de una escena en la cual se nos describe la increíble belleza desnuda de Galia ( que se pasa toda la novela sin ropa como Mathilda May en “Fuerza siniestra”) flotando en medio del vacío junto a Icteo, la pareja de marras se introduce en la nave del prófugo, es decir de Icteo, y por fin arribamos a la superficie del planeta Ecstasy, un mundo muerto sobre el cual no pulula ni un alma viviente, y donde el lujurioso Icteo podría haber ultrajado a la desnuda y virginal Galia, sino fuera por la oportuna aparición de Cyrus, el androide justiciero.


A pesar de la gravedad del crimen cometido por Icteo, el androide llegado para hacer justicia no actúa de manera expeditiva y concede al criminal la oportunidad de salvarse si sale vencedor de un extraño duelo que consiste en tratar de acertarle al contrario usando un proyectil de forma oval que posee la mortífera propiedad de matar al otro por mero contacto. Icteo acepta el duelo pero no actúa de forma honesta con su rival y esgrime el cuerpo de Galia como un escudo humano para preservar su vida del dardo que Cyrus podría arrojar contra él, un acto que siembra la vacilación en el androide, cosa que es aprovechada por el infame prófugo para herir al androide con una “cápsula ardiente” que casi le provoca la muerte pues Cyrus ya estaba resignado a morir por haber fallado en su misión, sin embargo in extremis Galia le arranca los electrodos que conectaban el organismo del androide con sus distantes y crueles amos, liberandolo de la muerte y de la sumisión a ellos. En resumen convirtiéndolo en un hombre libre capaz de tomar sus decisiones.


Por un momento, Galia se queda sola en medio de aquel mundo extraño donde los esqueletos de antiguos guerreros muertos vuelven a la vida, no solo para aterrarla sino para hacerla como ellos. Páginas después, Cyrus revive cobrando conciencia de ser humano y de su amor por la bella Galia, además de enfrentar la aparición de dos nuevos androides asesinos que pretenden culminar el trabajo que Cyrus dejó inconcluso, además del surgimiento de dos entidades suprahumanas que servirán para darle su momento de emoción al remate la novela. Nos referimos a Czar, el último mago superviviente de la casta de sacerdotes que gobernó a Ecstasy y a Azura/Falka la Reina de las Tinieblas, la Señora de los Tenebrosos Eternos que había fingido ser Azura una chica nómade que moraba en el subsuelo de Ecstasy para enmascarar a Falka, su real  faceta maligna.


El fin de la novela  se lo dejo a la curiosidad de los lectores que se atrevan a leer esta obra, ahora daré mi opinión sobre la misma: para mí Curtis Garland ha escrito la enésima versión de la eterna lucha del bien contra el mal, y lo hace de una manera grandilocuente, apelando a un lenguaje un tanto solemne pero efectivo a la hora de situarnos en el contexto de ese universo donde la ciencia y la magia coexisten y producen versiones extremas de bondad y maldad como corresponde a un universo donde cada personaje tiene claro que bandera defiende ( con la única excepción de Cyrus que es el único personaje que realmente evoluciona de todos)


El mismo Garland avisa a los lectores sobre la condición tan especial de este universo cuando escribe: “ Sucedió después del gran caos y de la era apocalíptica sucedió allí en el confín del Universo donde las cosas ya no eran antes. Allí sucedió todo realmente en medio de una galaxia fantástica e increíble.”


Es decir que lo increible solo puede darse en un contexto del mismo cariz, donde puedan converger un noble androide, un criminal lujurioso, una virgen de armas tomar, y un par de entidades malignas como los antagonistas que terminan destruyéndose entre sí para que Cyrus y Galia puedan refundar su vida lejos de este universo cuasi muerto: un mensaje esperanzador, sin duda, aunque rezume maniqueísmo por todas partes.


Bristol en la Batalla de Chulmleigh.

    1-Anhelo de muerte.   George Rogers quería matar soldados ingleses.   Era un deseo primitivo y bestial, era como si hubiera nacido odi...