sábado, 1 de febrero de 2020

EL MASCARON DE PROA



Aquella noche estaba solo en casa, y sentí unas ganas tremendas de visitar la playa, no solo porque jamás había estado en ella después de la puesta del sol, sino porque tenía el presentimiento de que sería participe de algún hecho infrecuente o singular, pues la noche suele ser el espacio reservado para los sucesos que no se revelan a plena luz.


Así pues salí de mi casa con el corazón hecho un gong, y con la ansiedad tatuada en mi mente, poco a poco mis pasos fueron dejando atrás el rosario de luces que indicaba la presencia de una zona poblada y más o menos segura, para adentrarme en ese territorio quieto y en penumbra dominado por la arena, el agua y la luna.

Me quité las sandalias, y una vez descalzo pise la arena de aquella playa, quizá dominado por el afán de integrarme con ese paisaje primitivo y solitario,donde el eterno vaivén de las olas prometía el arribo de algo inaudito en cualquier momento.

Sin embargo no había contado con que mi paciencia no era precisamente infinita, y empezó a agotarse ante la reiteración del aquel sonido eterno y proceloso que se escuchara mientras quede alguien cuerdo sobre esta tierra.

Estaba a punto de largarme, cuando una sombra equina apareció cabalgando sobre las olas, se trataba de un unicornio monstruoso, el cual  hacía las veces de mascarón de proa de un buque procedente de los tiempos en los cuales se solía llevar uno a modo de  deidad protectora. 

Y sucedió que de aquella cosa antigua principio a desprenderse una niebla densa que alargó sus tentáculos para atraparme y reclutarme como un marinero más de aquella nave peregrina y fantasmal.


Chiclayo 31 de enero-01 de febrero de 2020.




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