sábado, 18 de enero de 2020

10.Y CASANDRA ABRIO LA PUERTA DEL LIMBO

El cuadro que sirve de portada a este relato es obra de la pintora limeña Judith Vergara Garcia
Exordio
El doctor Claude Syford es un hombre calvo y corpulento , cuyo torso está acoplado a una especie de platillo volante que le permite acudir a cualquier parte del sanatorio que le han confiado dirigir aquí en la Luna. Como habrán supuesto carece de piernas, pero no las añora pues se siente muy a gusto sobrevolando las parcelas que ocupan los pacientes. 
Allá abajo éstas se ven tan diminutas como juguetes, a través de la transparente solidez de las cúpulas de vitrolux. El platillo empieza a descender y aquellas tierras ahora ofrecen  un aspecto más real: parecen una serie de campos de fútbol alineados por una mente maestra , su extensión no es demasiado grande pueden albergar los mini universos donde habitan aquellos que fueron declarados insanos luego de haber morado en las ciudades del planeta azul. 
Syford advierte que apenas perciben su presencia, parecen asustarse y empiezan a correr hacia los habitáculos en forma de iglú que se erigen en el centro de cada una de aquellas tierras selenitas. En su fuero interno tal vez teman despertar los instintos cazadores del doctor, pues la mano izquierda de Syford tiene el aspecto de una potente boca de fuego con la cual, se dice, gusta fulminar a los pacientes a los que sorprende quebrando la rutina terapéutica , por ello los pacientes lo apodan “Rayo”, pues tienen una buena razón para justificar el apelativo.
Syford tampoco tiene ojos, pues éstos han sido remplazados por unas antiparras firmemente adheridas sobre sus cuencas, semejando una especie de antifaz permanente, sin embargo no está ciego, y este adminiculo le permite ver lo que sucede dentro de cada de una de las parcelas ocupadas por los orates, pero ahora su interés no es policíaco. 
Dentro de ese cuerpo otrora humano, y ahora repleto de prótesis todavía late un corazón de hombre, un órgano donde si bien no tiene cabida el amor todavía queda espacio para el deseo, por ello con la mano que le queda Syford manipula los diales de la consola de control del platillo que soporta su cuerpo para seleccionar la imagen que desea ver, apenas termina de hacerlo aparece la imagen de un recinto lleno de cuadros pintados, y otros en proceso de creación, todos montados sobre sus respectivos caballetes.
Sobre las mesas contiguas aparecen un montón de frascos abiertos y apiñados en completo desorden, mientras un pincel entra y sale de ellos conducido por la mano de una mujer muy delgada y de cabello lacio, vestida con una bata blanca en cuya solapa lleva bordado un nombre exótico: Casandra. Manchas de colores cubren la prenda y lo mismo ocurre en cada uno de los cuadros que la artista está pintando simultáneamente.
Pero esta vez Casandra no se encuentra desnuda, trepada sobre un pedestal, como ocurrió cuando ella despertó su atención y de toda la colonia psiquiátrica entera, más bien se encuentra concentrada, sumida en un momento creativo, poseída por la pulsión interna que la induce a dar vida a un mundo alterno a lo que suele considerarse real . Desnudarse ante todos fue una osadía, un pretexto para hacer arte a través de su cuerpo, pero no es lo suyo. Casandra prefiere envolver las cosas en la bruma de los símbolos, para que los que se atrevan se encarguen de desentrañar la maraña que ella misma inventó.
Cuerpo.
Casandra se ha detenido ante un cuadro todavía inconcluso, ha pintado a dos mujeres jóvenes, ambas son gemelas y tienen sus cabelleras sueltas como prefiere llevarla ella misma cuando no está pintando, pero las féminas del cuadro tienen los cabellos blancos y resplandecientes como melenas de ángel. En un arranque de pudor Casandra ha querido que un par de mechones, procedentes de esas  melenas, cubran los senos de sus personajes por completo,  mientras el resto de sus cuerpos permanecen desnudos, despidiendo un majestuoso esplendor que ella planea conferir al resto del cuadro. 
A pesar que este es la obra que más le interesa hay otra que reclama su atención pues ésta mucho más avanzado que éste: se trata de otra mujer bastante joven y apenas vestida, la chica resplandece al igual que sus congéneres del otro cuadro, pero no está tan quieta como ellas, más bien se divierte destruyendo un castillo de naipes que seguramente le costó trabajo construir, su pie izquierdo está impactando, como un ariete, contra esa frágil estructura.
 Un as de espadas yace sobre el césped muy cerca de la mano que resiste el peso del  cuerpo de la chica que ahora se complace destruyendo lo que antes creó, entre tanto  el siete de corazones inicia su vertiginosa defenestración, acompañado del cuatro de espadas, y de un comodín que ya está tocando el suelo. El castillo acusa el efecto del impacto del pie descalzo, y un pavoroso vacío se aprecia en su parte superior, mientras la inferior todavía permanece incólume. Casandra le da los últimas pinceladas antes de prestarle atención a otro cuadro que representa a la misma fémina del cuadro anterior, aunque esta la chica solo sea una silueta vacía sin rasgos de identidad reposando sobre un claro de bosque sobre el cual descienden cinco gráciles lepidópteros de alas blanquecinas.
El doctor Syford ha seguido todos los movimientos de Casandra desde su platillo volante sin comprender los hechos a cabalidad, de facto nunca ha entendido porque Casandra prefiere permanecer encerrada dentro de su iglú, ocupada en la tarea de plasmar sus sueños y codificarlos sobre un soporte físico para hacerlos visibles para ¿ los otros?, ¿ para ella misma?, ¿ Acaso su mente necesitaba expulsar fuera de sí misma tanta perplejidad?. 
 El caso era que la contemplación de esos cuadros era como abrir la puerta de la eternidad, y como bien sabía Syford  esa dimensión es una prolongación del tiempo, algo indefinible que hace tambalear la lógica como ese castillo de naipes que Casandra había plasmado en uno de sus cuadros, y que había atrevido a derribar en un arranque de perfeccionismo.
Lo concreto era que el mundo de Casandra estaba habitado por mujeres tan  jóvenes como ella misma, eso saltaba a la vista, ¿acaso eso no significaría un anhelo manifiesto de eternidad? También había advertido  que todas esas mujeres guardaban un fuerte parecido con la misma Casandra, y que aparecían sobre paisajes idílicos, donde prevalecía una luz tan pura, tan límpida que parecía proceder del empíreo., una luz que amenazaba esparcirse e invadir la porción de mundo que el doctor Syford le había asignado a Casandra.
Epílogo I
En ese instante, Syford se sintió como un hombre sometido al ímpetu de un oleaje tremendo, el mundo de Casandra, esa dulce e inefable locura estaba golpeando los flancos de su banco de memoria, quería envolverlo, apropiarse de él sin pedirle permiso para hacerlo, y en su caso eso podía considerarse una degradación pues Claude no está al mismo nivel del rebaño de locos que gasta sus días en el sanatorio selenita, entonces recordó todo el impacto que había producido el improvisado desnudo de Casandra en las mentes de los internos, aquella visualización despertó en Syford los residuos de su condición de hombre, tal vez eso le había inducido darse una vuelta por el sector donde Casandra tenía su iglú, su bunker personal repleto de cuadros, la sombra de su cuerpo desnudo estaba en su mente, pero ahora esa fascinación se había desvanecido, sin transición alguna había reaparecido la faceta más dura del doctor Syford, aquella que no estaba resquebrajada por ninguna fisura emocional, de las nubes había vuelto al suelo de Luna. 
Claude se miró las manos, el cañón estaba a su siniestra, los cinco apéndices llamados dedos a su diestra. La hiel y la miel juntas, la opción a decidir entre amonestar o castigar, o ¿podría resumir ambas en una sola  dejando de lado la simplificación?. Le tomó un segundo ponerse de acuerdo consigo mismo, y su mano empezó a moverse hacia los botones del panel de control de su platillo volante.
Casandra continúa pintando, extasiada en darle forma a las imágenes que constantemente produce su mente. El cuadro de las gemelas desnudas progresa, ambas tienen una jofaina metálica en cada mano, y el agua brota de ellas como una suave catarata cuyas gotas se precipitan sobre un árbol  de hojas iridiscentes, una especie de bonzai que ha sido añadido recientemente por el pincel de la pintora.
 Las gemelas miran dulcemente como el agua cae sobre la planta, como las gotas mojan la tierra humectándola, dándole vigor para sustentar a la vida ahí enraizada. Casandra mira el cuadro detenidamente un rato, y en su rostro se refleja la satisfacción de haber creado algo que está a la altura de lo imaginado.  No lejos de ahí , otro cuadro reclama su atención, para Casandra el acto de pintar puede compararse a comulgar con la divinidad, los cuadros se asemejan a los feligreses esperando recibir una fracción de ella en sus cuerpos. Ella  sabe que es la única que puede organizar la composición de sus obras, el aspecto final que puedan tener cuando otros retinas las integren, Casandra intuye que pocos tendrán suerte de adentrarse con éxito en su mundo de féminas durmientes, bosques, y jofainas de metal, entrelazar estos elementos y encontrar su hilo conductor es un trabajo hercúleo para la mayoría de los mortales, pero a ella le fascina producir esa fatiga en las almas ajenas, es su manera de jugar con ellas, de vengarse por su tácita falta de complicidad en la soledad.
El cuadro de la muchacha durmiente avanza también. Casandra prepara mucho sus cuadros, y la pose ahí representada proviene de una de las tantas fotografías que ella se ha tomado con antelación  en uno de los cráteres que abundan sobre la superficie del Mar de la Crisis, al final de proceso ella olvida que el suelo de la luna es un monótono polvo  gris carente  de vegetación. Sin darse cuenta, Casandra añora la Tierra, y naturalmente sus obras reflejan la flora y la fauna de su mundo de origen, Esta vez la muchacha no está enteramente desnuda, la cubre una camiseta y tiene las piernas dispuestas de tal modo que sus partes íntimas quedan ocultas ante el espectador, su cuerpo irradia un brillo seductor, inquietante, capaz de transportarte a un abismo de languidez, ajeno al tiempo. ¿ Hará falta pintar más mariposas? Casandra siente la euforia de la creación, y moja la punta del pincel en la paleta de colores que sostiene con su brazo izquierdo, y blande el color  para aplicarlo ahí donde su imaginación le dice que un lepidóptero debe estar, muy cerca de los cabellos azabache  de la durmiente, eternamente joven, dueña de esa pequeña isla de verdor congelada en el lienzo justo como ella quiere, pues ese es su modo de concebir la eternidad.
 Acaba de pintar  una mariposa más,  y se encamina hacia un cuadro de forma elipsoide  que le está esperando en, él ha pintado un cielo gris y congestionado de nubes como anunciando una tormenta. Casandra decide que el firmamento luce enfermizo, y  hay que agregarle un elemento perpendicular que integre el “arriba” con el “abajo” del elipsoide . Piensa en algo que pueda cumplir esa función y se le ocurre que el tronco de un árbol deshojado es el mejor puente, las ideas siguen lloviendo sobre ella atestando la húmeda punta del pincel  enhiesto, y aunque siempre las mismas ella se da abasto para hacerlas prosperar sobre aquellos paisajes tristes pero llenos de color. Su mejor modelo es ella misma; volverá a duplicarse, y dos gemelas suyas ocuparan las ramas añosas de este árbol mustio siempre jóvenes,  siempre ambiguas, con esa parsimonia de los objetos inmóviles que precisan estudio para ser gozados. La boca de su alma es el pincel, su voz es el color derramándose, es delicioso imaginar antes de hacer, subir al trampolín e imaginar el impacto contra el agua.
Epilogo II
Syford advierte que Casandra está arribando a una especie de clímax lo sabe porque  puede sintonizar la emoción que ahora la está dominando, como su corazón retumba en el pecho de la fémina marcando cada uno de sus pasos hacia el elipsoide. Simultáneamente, es participe del inicio del proceso sináptico, que hace patente la transmisión de las ideas que acuden  hacia  la mente de la interna.
La pintora se encuentra tan obsesionada con su propia creación que no presta atención a nada más,  por lo tanto Syford entiende que es el momento de imponer su autoridad sobre la descarriada; Casandra no sabe que su interior está repleto de letales mecanismos que abandonan su inactividad para infligir daños severos e irreversibles en el conglomerado celular de su cuerpo. La secuela de su accionar se deja sentir pronto: Casandra siente que los huesos le duelen, que no puede andar bien, de pronto se mira las manos y se da cuenta que su piel se ha apergamino, que la carne se le está pegando a los huesos. No hay un espejo que le informe sobre la condición de su rostro, pero supone que  la  súbita intrusión de la senectud también ahí ha hecho estragos. Se ha vuelto vieja en un abrir y cerrar de ojos, y ha quedado sorprendida por la sevicia del ataque, pero su mente todavía resiste, no se ha reblandecido todavía, es perfectamente consciente de que Syford se ha cansado de soportar sus extravíos pictóricos, para él son un insulto a su inteligencia porque no puede entender porque Casandra evoca  tanto ese mundo idílico completamente ajeno a las rutinarias terapias del sanatorio lunar.
 Syford ha manipulado la fisiología de su víctima para  ponerla hasta el límite, ahora el contraste entre ella y sus cuadros es radical, demasiado patente: ellas son jóvenes y ella vieja, De un salto Casandra ha arribado al último estadio de la vida humana, una edad en la que el cuerpo es un despojo, un anatema para todos. Y Syford estalla en carcajadas, sabiendo que para ella no hay retroceso alguno, que la juventud ha quedado lejos,está extirpando el lunar en medio de la luna, le hace gracia el juego de palabras y lo registra en el disco duro del platillo volante para usarlo luego cuando sea necesario rememorar este episodio como una hazaña ante sus superiores inmediatos. Syford solo espera que la degradación orgánica se haga completa para enviar a los enfermeros portadores de la eutanasia para que la hagan efectiva cuando Casandra empiece a pedirla. Le ofrecerá, sin que ella lo sepa, el consuelo de enviarla al espacio en una cápsula de contornos elipsoides como el cuadro que estaba pintando, cuando ocurrió la transformación.
 Los ojos de Casandra todavía ven  lo suficiente y orientan aquel cuerpo decadente hacia los cuadros que han salido de su mano, a sus retinas llegan matices opacos, figuras no definidas que debe reconstituir con ayuda de la memoria, solo eso le permite ajustar su camino actual con el anterior. Casandra aún envejecida sigue andando, su mano no ha soltado el pincel como si todavía pretendiera aplicar el color en alguna parte, como si sus dedos estuvieran encadenados a él y no pudiera liberarse de su impronta jamás, pero lo cierto es que esa mirada agotado ha avistado una cosa extraordinaria, de repente un vaho neblinoso con matices dorados  que  pesadamente se levantaba del suelo como si pretendiera establecer una frontera entre los cuadros y ella misma. En ese instante, se preguntó si podría atravesar el obstáculo que tan repentinamente se había presentado ¿ estaría controlado por fuerzas hostiles? ¿ sería fruto de alguna ilusión óptica?.
De lo que estaba segura, era que no desperdiciaría el poco tiempo que le quedaba en averiguarlo. Simplemente aquella nube  se convertía en una especie de cielo que alcanzar , por eso siguió avanzando sin temor alguno a ser desintegrada . El aspecto de la nube era suave y brillante, como si en su corazón estuvieran apiñadas todas las estrellas, era curioso que esa vagabunda porción de galaxia  hubiera aparecido ante ella tan de repente como si una voluntad superior hubiera programado su arribo a esta comarca selenita
 La nube no está quieta, y se mueve  es difícil adivinar donde se encuentra su centro, pues se ha extendido tanto que ha llegado a ocupar todo el contorno de su taller, podría decirse que las volutas de humo se han dedicado a devorar sistemáticamente todo lo que contiene su taller. Casandra  continúa acercándose, al parecer no le preocupa que el humo siga esparciéndose más y más, sus manos se extienden buscando como meterse dentro de la nube, entonces Casandra escuchó como si alguien hubiera chasqueado los dedos en algún lugar cercano a ella, claro estaba que no podía verlo por la presencia de la bruma que lo envolvía todo,  el sonido no la distrajo mucho pues pronto se dio cuenta de que su cabeza había sido circundada por un esferoide translúcido, a modo de una escafandra protectora.
  Casandra comprendió que no estaba sola, que alguien o algo premunido de un poder trascendente le estaba extendiendo la  mano, y  eso le alegró sobremanera en medio de tanta tribulación. Ante ella, dos volutas de humo asumieron por un instante el aspecto de las columnas de un pórtico espectral, la visión duro unos segundos: en medio de estas prosperaba el vacío más oscuro y centelleante era el espacio exterior bordado de soles ardientes. Dio algunos pasos hacia adelante y la ingravidez se apoderó de ella, el pórtico se había convertido en un una especie de túnel plagado de relámpagos de energía psiquica. Los fogonazos prosperaban a través de aquella senda misteriosa que se tendía como un puente hacia un espacio ciertamente ignoto, desconocido.
El túnel se acabo, ahora  su cuerpo flotaba en medio de la nada incandescente, pero Casandra no se sentía intimidada por las nuevas condiciones  imperantes, pues presentía que se encontraba sobre el umbral de algo nuevo, era una sensación semejante a la embargaba cuando pintaba sus cuadros con la diferencia era que ahora se hallaba en medio de un mundo de posibilidades absolutamente real, podía decir que una puerta se había abierto para ella, el vasto universo que contenía a la luna y a todos los astros posibles le estaba brindando un cálido abrazo, justo ahora que daba inicio a su verdadera odisea. Continuó dando vueltas sin rumbo alguno hasta que sus ojos divisaron un inmenso rombo cuya superficie reflectante recogía la imagen de la propia Casandra  flotando al garete, al instante comprendió que esa figura geométrica era el medio de impulsión de un pequeño velero solar procedente de algún sector de aquel espacio misterioso.
El velero continuo emergiendo de la oscuridad, la nave resplandecia como una joya estelar, era  una  mariposa liberandose de su capullo , y Casandra pudo admirar la complicada estructura de montantes   vinculaba la vela con el fuselaje toroidal que daba cuerpo a la nave, el corazón de Casandra volvió a latir con fuerza cuando se dio cuenta que el velero tenía la misma luz fantasmagórica que se desprendía de los cuadros que pintaba en su taller. No podía negar a si misma que estaba excitada de haber encontrado un objeto procedente de un mundo completamente afín con ella, a medida que la nave estaba más cerca, Casandra distinguió que de la  superficie de la nave se desprendían varias figuras humanoides también provistas de escafandras como lo estaba ella misma, sin embargo aquellos seres no flotaban al garete, más bien se encontraban enlazadas con el casco de su nave de origen mediante cables de sujeción que remitían a pensar en los cordones umbilicales de los recién nacidos.
Pero esto no lo era que lo que realmente contaba para Casandra, lo importante era que se estaban acercando, que  deseaban rescatarla del vacío , la presunción era fuerte y se vio confirmada cuando estuvo frente a frente con una de ellas: era una chica de rostro juvenil que tenía mucho de ella misma.Había arribado a un paraje de su propio universo perdido en medio de la nada en cuyo seno comulgan todos los mundos posibles.¿ Volvería a ser joven de nuevo? , sólo las féminas que habían acudido en su rescate podrían decirselo cuando estuvieran seguras dentro del velero y muy lejos de la luna.
Syford no entendía qué estaba pasando, ¿ de dónde había aparecido esa nube? ¿ acaso el Mar de la Crisis, o quizá toda la luna estaba siendo intervenida por fuerzas alienígenas que los militares terrícolas no podían controlar?. Llamó al Cuartel General donde se concentraba el mando de las Fuerzas Armadas Selenitas, pidió informes y le contestaron que todos los sectores de la luna se hallaban sumidos en la rutina más absoluta, eso quería decir que se estaba ante un fenómeno puramente local. De inmediato se puso a cavilar sobre lo que sería más conveniente hacer para solucionar el problema que tan repentinamente había aparecido en el iglú de Casandra, definitivamente la chica estaba tan enfrascada en su propio mundo que jamás permitiría que terapia alguna erosionara su pasión por proyectar las ilusiones que brotaban de su subconciente, en resumen Casandra era una anomalía  que no encajaba bien aquí , y estaba seguro que podría ofrecer una explicación convincente a sus familiares sobre su desaparición, además no tendría que mentir mucho, lo importante justificar su desaparición mediante alguna clase de accidente que resultará plausible y fácil de explicar
Pero tal vez no fuera necesario inventar nada, y bastara con decir la verdad aderezándola con alguna mentira bien urdida, después de todo aquella nube se había tragado a Casandra, eso era un  hecho evidente, lo inconsistencia estaba en presumir  en que parte del cosmos cercano estaría su cuerpo, si acaso esas personas llegaran a pedírselo.


2 comentarios:

  1. Terminé la serie. Una historia que sorprende al pasar de lo que parece sólo el delirio de una artista a un contexto de ciencia ficción; que sorprende con su poesía y también su crudeza, y con su inesperado final. Tienes una mente muy creativa y un estilo narrativo que te caracteriza.

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